Diario de León

La duquesa de Alba rechazó a Goya como amante, según el académico Vaca de Osma

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Tomás García Yebra - MADRID.
León

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«Goya no tuvo amores con la duquesa de Alba, qué más le hubiera gustado a él», afirma el historiador José Antonio Vaca de Osma. «Ella se dejaba querer porque era un pintor importante y le entretenía, pero nunca pasaron a mayores; cuando llegó la hora de la verdad le rechazó», sostiene este académico de la Historia que acaba de publicar Francisco de Goya, el arte, el amor y la locura (Espasa). «La duquesa tuvo varios amantes, uno de ellos Godoy, pero no se sentía atraída por el pintor aragonés». Nunca posó desnuda Opina que la duquesa de Alba nunca posó desnuda para Goya. «El cuerpo de las dos majas pertenece, posiblemente, a Pepita Tudor, la amante de Godoy». A su juicio, el pintor de Fuendetodos descolló, sobre todo, en el arte del retrato. «Fue un retratista excepcional; en el retrato es donde mejor despliega su genialidad». Mencionó los de Jovellanos, Floridablanca, La marquesa de Chinchón y La lechera de Burdeos... Con respecto a éste último, cuya autoría ha sido cuestionada, Vaca de Osma indicó que de vez en cuando surgen «revisionismos» de todos los personajes célebres, pero cree que el caso de La lechera de Burdeos no ofrece dudas. «Respeto los estudios que se han hecho sobre este artista, pero a mí me parece que tienen un peso decisivo los argumentos de quienes atribuyen este cuadro a la mano de Goya». Tacaño y huraño El biógrafo de Hernan Cortés, don Juan de Austria o Los Reyes Católicos, acusó al pintor de tacaño. «Era muy interesado con el dinero; tenía fama de huraño, y lo era, pero a su vez medía muy bien el trato de aquellos que le podían favorecer». Escéptico con la condición humana -«comemos, bebemos y nos destruimos»-, Goya plasmó todas las pasiones que anidan en el ser humano. «Ternura, lo que se dice ternura, sólo la sentía por los niños», resaltó el historiador. En cuanto al debatido asunto de si defendía o atacaba la fiesta de los toros, Vaca de Osma tiene claro que «desde chico disfrutó enormemente con las corridas de toros», lo cual no se contradice -a su juicio- con que en determinadas épocas de su vida «reflejara a través del arte la parte bárbara e irracional de la fiesta». Esta irracionalidad del ser humano, que inmortalizó en sus aguafuertes y en sus «pinturas negras», es lo que, en su opinión, se le escapó a Ortega y Gasset en su famoso ensayo. «Me gusta más el libro de Eugenio D''Ors; Ortega era demasiado racionalista y no supo penetrar en Goya».

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