Un instrumento versátil y extendido por toda la provincia

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León

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El origen de los instrumentos tradicionales europeos es, en la mayoría de los casos, difuso y controvertido, ya que sus raíces se hunden en tiempos muy remotos. Pero ése no es el caso del acordeón, cuyo nacimiento es relativamente reciente. Inventado a principios del siglo XIX, fue evolucionando a lo largo de ese siglo, y se incorporó de manera vertiginosa a la música tradicional de amplias zonas de Europa, América y parte de Asia. El sistema de fuelle y lengüetas libres de este aerófono conoció sucesivas modificaciones hasta alcanzar los tipos actuales, de entre que el más tradicional es el llamado diatónico. Este instrumento, aunque extendido a finales del XIX por todo León, se impuso sobre todo en las comarcas de montaña y en las cuencas mineras leonesas. Con él no sólo se interpretaban los chanos y jotas de siempre, sino también los nuevos agarraos y valseaos que llegaban de Europa, ritmos novedosos que rápidamente gozaron de gran aceptación entre la mocedad de nuestros pueblos. El manejo del acordeón estuvo, pues, unido a cambios muy importantes en la música tradicional del Viejo Reino, y a la creación de orquestinas que desplazaron a las antiguas dulzainas, gaitas y chiflas con nuevos bailes que al principio fueron denunciados como «inmorales» por las autoridades eclesiásticas. Se le llegó a llamar Fuelle del Infierno, y tardó mucho en entrar en las academias y las orquestas de prestigio, precisamente por su gran popularidad entra las clases bajas. Pablo Soler insiste en lo versátil del instrumento; «con él se pueden tocar pasodobles, jotas, todo tipo de música». Por eso, habría que «potenciar su construcción en España, más que importar masivamente del exterior», asegura. Un problema que él solucionaría con la creación de escuelas y cursos de artesanos, algo «inexistente en este país» y que fue lo que le empujó a él mismo a tener que viajar a Italia. El hecho de que existan «pocos constructores» y «ninguna industria» hace que los acordeones «se compren a constructores de Italia, Alemania, República Checa y China, de donde viene «mucha cantidad pero con escasa calidad». Soler Viejo quiere que la gente vuelva a «aprender a escuchar música», algo que este veterano artesano asocia al reposo, la nostalgia y el sentimiento, en contraposición a la «música electrónica, tan en boga, y los discos, frente a la frescura de los sonidos en directo». El músico de instrumentos acústicos es, en su opinión, «todo un profesional» al que debe devolvérsele su antigua dignidad, ya que el estudio de la música es «muy sacrificado», y precisamente de ahí «es de donde proviene su auténtico valor».

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