Diario de León

El periodista Fermín Bocos reconstruye los últimos meses de Lord Byron

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Tomás García Yebra - madrid
León

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«Era guapo, era aventurero y era genial: imposible pasar inadvertido». Con estas palabras resume el periodista Fermín Bocos (Santander, 1949) la personalidad de Lord Byron, el poeta por excelencia del romanticismo y uno de los escritores más leídos y admirados por el público de todas las épocas. Bocos ha escogido los últimos seis meses de la vida de este aristócrata y aventurero para urdir La venganza de Byron (Belacqua), una novela que el autor define «de aventuras» y en la que relata «la historia de una conspiración». Lord George Gordon Byron (Londres, 1778-Missolonghi, Grecia, 1824), encarna la figura del escritor rebelde, excéntrico y exhibicionista que caracterizó al movimiento romántico europeo. Abanderado de la independencia de Grecia (entonces en poder de los turcos), ejerció una vasta influencia durante la primera mitad del siglo XIX. «Es uno de los primeros escritores que consiguió hacerse rico con sus libros», asegura Bocos, quien especula en su novela con una posible conspiración contra el poeta. «Murió de unas fiebres que contrajo en Missolonghi, mientras luchaba por la independencia de Grecia, pero era un personaje incómodo para varias de las fuerzas implicadas, como británicos, rusos y austrohúngaros», argumenta Bocos, quien sostiene que su popularidad era tal que arrastró a la causa independentista a una serie de políticos y gobernantes que inicialmente estaban en contra. «Como todo hombre con carisma, capaz de movilizar a las masas en una determinada dirección, Byron fue objeto de un complot para asesinarle». Cultura griega Bocos habla del escritor, pero el libro lo resume como «la historia de una conspiración en el contexto de la liberación de Grecia». Buen conocedor -al igual que Byron- del paisaje y la cultura griegas, Bocos atribuye a una posible epilepsia el origen de su energía, verdaderamente desaforada. «Un día podía atravesar a nado el Támesis, luego hacer el amor y más tarde permanecer tres o cuatro horas escribiendo». Piensa que era anoréxico -«su obsesión por no engordar era enfermiza»- y con «un punto de locura, heredada de su abuelo».

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