Su muerte cierra un siglo de humor y esperanza
La muerte de Bob Hope pone fin a un siglo de humor y esperanza que esta centenaria leyenda del espectáculo supo llevar no sólo a la pantalla sino también a los soldados de diferentes guerras o a los más necesitados. Por eso el rey de la comedia , como era conocido este tesoro nacional estadounidense nacido en Eltham (Reino Unido), también es recordado como uno de los mayores benefactores de este país, con donaciones que han superado los mil millones de dólares. Leslie Townes Hope, su nombre de pila, murió el domingo a causa de una neumonía en su casa de Toluca Lake (California). Sin embargo, como aseguró ayer en un comunicado su viuda Dolores, con quien estuvo casado 69 años, la figura de este humorista debe de ser recordada con vida, ya que «vivió y amó con todas sus fuerzas». Hombre de contrastes, nació inglés pero se convirtió en el modelo del sueño americano, país que siempre consideró el suyo y del que adoptó la nacionalidad. Sus orígenes no pudieron ser más humildes, pero su fortuna llegó a superar los 500 millones de dólares gracias a explotar su físico, no especialmente agraciado. «Mi nariz entra en cámara 10 segundos antes que yo», era una de sus bromas sobre un físico del que era el primero en reirse pero, quizá por eso, el público se sintió identificado con alguien que lejos de ser un galán de Hollywood era un hombre de la calle. Nunca combatió en la guerra, pero se convirtió en el primer civil condecorado como un veterano por animar a las tropas estadounidenses a lo largo de todos los conflictos militares, desde la Segunda Guerra Mundial hasta la primera guerra del Golfo. Pero, sobre todo, el nombre de Hope ha quedado escrito en letras de oro en la industria del espectáculo, desde los comienzos del vodevil a la radio, pasando por la televisión, el teatro y el cine. Cerca de siete décadas de carrera en un siglo de vida que le ha hecho pasar al libro Guinness de los récords como la estrella que ha ganado un mayor número de premios.