La neozelandesa es la voz de Strauss desde hace más de tres décadas

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m.a.n. | león
León

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Hoy día nadie discute que Kiri Te Kanawa es una de las grandes divas de la lírica internacional desde hace varias décadas. Su fama y su prestigio la convirtieron en imagen de la perfecta soprano que se la invita a cantar no sólo en los grandes coliseos de la lírica sino en los más destacados acontecimientos sociales como fue la boda entre Lady Di y el príncipe Carlos de Inglaterra en 1981. Su elegancia, porte y estilo canoro la han hecho merecedora de esta especial distinción. Poseedora de una voz de cristal de timbre bellísimo, legato perfecto, acento amplio y bien medido, unido a un noble fraseo, que la identificaría a lo largo de su ya larga carrera profesional, Kiri ha sido una de las primeras sopranos interesadas en interpretar famosas canciones de Broadway como West Side Story que la lanzó de inmediato al estrellato al ser elegida por el propio compositor, Leonard Bernstein, para su registro oficial. Secundada por un José Carreras pletórico de facultades, esta obra es una muestra más de la versatilidad que atesora esta simpática soprano que cada vez canta abarrota los auditorios de los cinco continentes. Kiri Te Kanawa es también una de las mejores straussianas de todos los tiempos y sus recreaciones de los personajes de Arabella, la condesa en Capriccio o la Marischala en Der Rosenkavalier, le han valido el sobrenombre de la «exquisita». Pero es en el repertorio del XVIII donde su voz encuentra el vehículo perfecto para mostrar el timbre luminoso y esa cremosidad tan peculiar. Escúchense sino ese «Let the bright Seraphim» de Handel, que cantó en la más famosa de las bodas reales o el «Dove sono» de Las Bodas de Fígaro mozartiano para saborear esta peculiaridad.

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