Publicado por
MIGUELANXO FERNÁNDEZ
León

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LA COBERTURA electoral acaba siendo paradigma de la rutina informativa. Si es en directo, los equipos de campaña se las apañan para que sus líderes aprovechen el «pinchazo» de la cámara para lanzar sus mensajes al espectador. Si es grabada, los reportajes coquetean con el tedio porque en la mecánica electoral no hay lugar para el sobresalto. Quien busque adrenalina, va de lado, al menos hasta que se impongan los debates, el cuerpo a cuerpo que permita ejercer de sacapuntas al otro lado del vidrio catódico. Por eso, por romper un poco la tendencia, llamó la atención el directo de La Primera con la rueda de prensa de Pujol y Mas en la noche del domingo. Se hizo con cámara en mano, un recurso que se suele utilizar como auxiliar, pero no así. Original, conste. Sacaron de su letargo al espectador observador. Planos-detalle más allá del primerísimo plano. Vimos las arrugas de Pujol o las orejas de Mas. Incluso captaron el rascazo nervioso que el candidato convergente se aplicaba bajo la barbilla, que segundos más tarde ya era una pequeña herida. Mucho contrapicado, cámara convulsa. Quizá más que recurso de estilo para romper esquemas, se haya debido al abarrote de la sala y la dificultad de lograr una buena retransmisión, o simplemente a que no tenían otra cámara. Fue una buena ocasión para verles lágrimas emocionadas o algún hilo suelto en sus trajes, pero ni lo uno ni lo otro.

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