| Reportaje | Luthiers leoneses |
«Los órganos de muchas iglesias de León están abandonados» El «San Lorenzo» de Goya podría interesar a un comprador particular leonés
El joven Pedro Antonio Andrés García construye, restaura y afina órganos en su taller de Puente de Órbigo y es uno de los pocos artesanos españoles dedicados a esta actividad

El artesano en su taller, situado en la localidad de Puente
Órganos de iglesia no hay demasiados en León, quizá porque una de las características más destacadas de los pueblos de este Viejo Reino es su pequeño tamaño y el hecho de que raramente cuenten con más de una iglesia. No obstante, las cabeceras comarcales y los grandes centros eclesiásticos (la capital, Astorga) tienen tradición de este instrumento y León es y ha sido patria de buenos organistas: el maestro Adolfo Gutiérrez Viejo, de Lugán; Roberto Fresco, astorgano y organista de la catedral madrileña de La Almudena; José María Álvarez, de Santa Marina del Rey, maestro de capilla en Astorga; Nicolás Alonso, organista de la catedral de Astorga; y el propio Samuel Rubio, entre muchos otros. Más curioso que todo ello es el hecho de que alguien se dedique en exclusiva a la construcción de órganos. El joven artesano Pedro Antonio Andrés García repara, afina y crea nuevos órganos en su taller situado en la localidad de Puente de Órbigo; y en sólo cuatro años que lleva trabajando por su cuenta, ya ha construido tres órganos (entre ellos, el de la iglesia de Hospital de Órbigo) y ha restaurado quince (como el de la iglesia de Cacabelos, labor subvencionada por el ILC). Es uno de los pocos artesanos españoles especialistas en este tema, el único de León y uno de los poquísimos de la zona Noroeste. A Pedro Antonio la afición le comenzó a «picar» en la Virgen del Camino, donde estudió con los Dominicos. Allí comenzó a tocar, atraído tanto por el aspecto musical como técnico de este instrumento; hoy es el organista oficial del Santuario. Después llegarían estudios de música y FP, y, más tarde, tres años en Madrid trabajando junto al organero Luis Magaz. Tras este período de formación decidió montar su propio negocio, en el que también restaura imaginería artística. A su juicio, «ningún órgano es igual a otro», cada uno tiene sus propias particularidades y las soluciones que son válidas para uno no lo son para otro. La acústica de la iglesia, el espacio destinado al instrumento y su situación en el templo son limitaciones decisivas. Así, la mayoría de su trabajo se realiza no en el estudio, sino en la propia iglesia, donde traslada la madera, los teclados y los a veces casi 500 tubos de estaño o zinc de que se compone un órgano. Además de la tradición artesana de la que bebe este leonés (sobre su mesa de trabajo está el Arte Completo del Constructor de Órganos , de Mariano Tafall -siglo XIX- y los artesanos actuales intentan imitar formas barrocas), la tecnología no está ausente de su trabajo: la apertura de válvulas se hace mediante transmisión eléctrica e incluye además una placa informática que memoriza los registros. Pedro Antonio sabe que en León hay iglesias notorias cuyos órganos se encuentran en estado de abandono, «como sucede en la del Mercado o en la de San Martín», y admite la necesidad que existe de que la Catedral de León, donde cada año se celebra un Festival reconocido internacionalmente, se instale un buen órgano en vez del actual, que data de los 50; «no es mal órgano, pero es viejo y pequeño, la catedral de Astorga y muchas parroquias de Madrid tienen órganos mejores», dice quien es también su afinador y mantenedor. Aún le queda por delante, pues, mucho trabajo a este joven, que tiene «vocación de artesano, no de empresario», según él mismo asegura.