Cristales y miradas con vida
La galería del palacio de los Guzmanes, cuatro siglos al descubierto, vive la primera rehabilitación integral de sus vidrieras colocadas en los años cuarenta
Una de las vidrieras ya restauradas, en la que se ve el escudo de Riaño
Aunque el palacio de los Guzmanes mantiene su regia presencia en la ciudad desde finales del siglo XVI, las vidrieras del cuerpo superior del patio no fueron encargadas, diseñadas y colocadas hasta los años cuarenta del pasado siglo XX. Desde entonces únicamente han vivido reparaciones puntuales en alguno de sus veinte ventales. Hace siete meses, la galería, escoltada con arcos carpaneles, comenzó a vivir su primera rehabilitación integral después de más de sesenta años de vida. Se trata de un proceso complejo y delicado que debe estar listo a finales de febrero. Las vidrieras tienen que ser desmontadas una a una y proceder a la retirada de la masilla vieja antes de que cada panel sea embalado y trasladado al Taller de Vidrieras Guzmán Fernández. Una vez en la sala de curas, los expertos proceden a deshacer la red de plomo viejo. Aquellas incoloras que se encuentran en buen estado son conservadas, mientras que las muy deterioradas son sustituidas por piezas idénticas. En el caso de las vidrieras con color, según relata Guzmán Fernández, los rombos amarillos de tono transparente no están pintados y, por lo tanto, reciben el mismo tratamiento que los incoloros. En ambos materiales a la hora de limpiar los técnicos utilizan productos no agresivos como agua destilada o alcohol. Aquellos ventanales pintados con dibujos que hacen referencia a León, a través de escudos o personajes con trajes regionales, son examinados minuciosamente y si presentan desperfectos, las piezas de valor son sustituidas. Sobre esta superficie, usan una limpieza seca con pinceles y también agua. «Se trata de un trabajo muy laborioso porque la detección de cualquier grieta debe ser pegada; reforzar las soldaduras y las barras para sujetar», apunta Fernández. En este trabajo de restauración de la galería de vidrieras, también resulta fundamental la labor del taller que fabrica las estructuras sobre las que se encajan los cristales. Esta parte del proyecto comenzó en septiembre y desde la empresa Fertisa se sustituye el viejo hierro ya oxidado por acero inoxidable pintado con negro nacarado, que imita a la perfección a la forja. Pedro Fernández Aláiz, propietario de la firma, señala los pasos: primero deben desmontar las estructuras y tras fabricar las nuevas, volver a montarlas de manera que queden aisladas de la piedra, porque no pueden pegarse a ella. Una vez realizada esta función, llega el turno de los vidrieros que con mimo dejan el cristal exactamente donde estaba, pero como recién estrenado. Las piezas de acero tienen que ajustarse como un guante a su compañera, la piedra. «La labor es compleja, debe existir una adaptación perfecta a las formas y las medidas, además ningún hueco es igual», manifiesta Fernández Aláiz. Actualmente de los veinte ventanales, 15 ya están totalmente restaurados. Parte del trabajo, centrado en la galería norte, fue ya realizado en el año 1997. La Diputación deberá pagar casi 140.500 euros (23,3 millones de pesetas) por estas labores de recuperación y limpieza de sus vidrieras: 80.000 a Fertisa y 60.400 al Taller de Vidrieras Guzmán Fernández. Además, el palacio de los Guzmanes ha vivido distintas obras en los últimos meses, como la renovación de la pintura de sus paredes, el barnizado de las áreas de madera, la restauración de los suelos y otras labores. La institución provincial compró este palacio en 1882, posteriormente realizó proyectos de ampliación entre 1973 y 1976. La obra original fue dirigida por Rodrigo Gil de Hontañón, tras recibir el encargo de Juan Quiñones y Guzmán, obispo de Calahorra.