Los ecos de una vieja guitarra

Germán A. Robles, uno de los pioneros del rock en León con el grupo Los Megatones, graba ahora un disco dedicado al Valle del Silencio a modo de «memorias musicales»

Germán A. Robles no ha perdido nunca el contacto con la música

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Marcelino Cuevas - león
León

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Los viejos roqueros tienen piel de rinoceronte y más vidas que los gatos. Por eso el tiempo les respeta y pueden seguir en la brecha después de disputar mil batallas en busca del éxito y la fama, que unas veces les adoran y otras les rechazan sin piedad. Su vida artística transcurre en el filo de una navaja incrustada entre el triunfo y el olvido. Y ellos transitan por ella con fingida indiferencia, como si el asunto no les importara, como si pasaran olímpicamente tanto del éxito como del fracaso. Después de casi medio de disputado matrimonio con la música, Germán A. Robles, simplemente Germán para los amigos y admiradores, se enfrenta ahora a la grabación y publicación de un CD, en el que recogerá más de una docena de melodías debidas a su inspiración, junto a tres o cuatro temas que han quedado especialmente fijos en su memoria, música de The Beatles o del gran guitarrista americano Chet Atkins. Germán, fue uno de los fundadores de Los Megatones, el primer grupo de pop-rock que existió en León. Corrían los primeros años de la década de los sesenta, era el momento álgido del Rey, del poderoso Elvis Presley, del comienzo de los Escarabajos de Liverpool, y la aparición de grupos de hispanos como los Teen Tops o Los Llopis. Todos empeñados en popularizar el ritmo que marcaría de forma indeleble la banda sonora del siglo XX. Dos guitarras eléctricas, un extraño bajo con dos mástiles, y una batería incipiente, quizás adquiridos a cómodos plazos, y unos amplificadores hechos en casa gracias a la sabia ayuda de improvisados ingenieros electrónicos, sirvieron a Los Megatones, para hacerse famosos y llegar a actuar con enorme éxito en la televisión portuguesa. Después su historia se convertiría en interminable. Memorias con armónica Lo cuenta Germán, que ahora vive en El Bierzo, en Bembibre, «Dirijo un coro, una rondalla, enseño música y, de vez en cuando, compongo e interpreto música, que es lo que de verdad me gusta. El interés por publicar este disco viene dado porque pienso que después de 45 años dedicados a la pasión por la música, y antes de caer en la cuesta abajo, quiero dejar escritas mis memorias con una armónica y una guitarra, que es con lo que sé expresarme». «En los primeros años, en los cincuenta del pasado siglo, -comenta- yo entré en la música tocando la armónica, con ella quedé en el segundo puesto en un campeonato nacional que se celebró en Valencia. De ahí pasé a la Tuna Universitaria, donde aprendí a tocar la guitarra y me aficioné tanto que por la música abandoné dos carreras. Los Megatones surgieron a raíz de conocer a tres chicos que imitaban al Dúo Dinámico, Marcelino, Pedro y José, ellos tenían ya idea de tocar la guitarra, y José tuvo que aprender los fundamentos de la batería. Comenzamos a ensayar y pronto conseguimos nuestras primeras actuaciones en la radio, en La Voz de León; donde se hacían varios programas parecidos a Operación Triunfo, donde los artistas aficionados podían cantar y tocar cara al público. Después vendría la actuación en la televisión portuguesa, a la que nos llevó un locutor de La Voz de Vigo que se llamaba Andrés de Sendra. Posteriormente nos cogió un representante y marchamos a Madrid. Fue nuestro lanzamiento nacional, actuamos en las mejores salas de fiesta de España, entonces no se hacían conciertos multitudinarios, hasta el punto de que en el Casino de la Coruña, pusimos el fondo musical a una cena de gala en la que se rendía homenaje a Francisco Franco. Después el representante nos jugó una mala pasada, el grupo se escindió y tuvo hasta tres formaciones distintas, para acabar convirtiéndose en Los Tricolores y desparecer a principios de los 70. Germán sigue en la brecha, como demuestra el disco que está terminando de editar. «Yo creo que de la música no se retira nadie, otra cosa es que deje de ser una profesión para convertirse en una afición, pero si la llevas dentro nadie puede matar definitivamente el gusanillo. Con esta grabación no pretendo conseguir nada especial, es una ilusión que yo tenía y que estoy a punto de ver realizada. Si lo escuchan mil o dos mil personas y les gusta, yo ya me sentiré satisfecho». El CD se llamará Amanece en el Valle del Silencio y en su portada se ofrece una espectacular vista del admirado valle berciano. Destacan en él una melodía dedicada a la trágica destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York y otra dedicada a Alberto, el nieto del artista.

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