El autor expone sus obras de paisajes castellanos y marinos en la sala Bernesga
José Luis Onecha, un castellano que pinta mirando al agua
El artista consigue con impecable técnica sorprendentes efectos con sus reflejos
Las obras de Onecha miran tanto al mar como a los paisajes castellanos
El Canal de Castilla junto a ríos en los que las aguas cristalinas anuncian el hábitat de la trucha, los puentes sobre aguas más o menos turbulentas y originales visiones de las playas cantábricas, nos indican que el palentino José Luis Onecha es pintor de reflejos, que está enamorado del agua y de la naturaleza. El artista explica que una parte de estas motivaciones pueden venir de su actual residencia en Asturias. «Vivir en Asturias me ha llevado a conocer unos paisajes de los que yo no tenía demasiada noticia. En mi obra, como en mi vida, hay un duro contraste entre la tierra seca y el agua, entre las planicies cerealistas y las costas del Cantábrico. Aunque reconozco que muchas veces ni uno mismo sabe descifrar lo que llevamos escondido en nuestro interior. Yo pinto lo que siento, el tiempo irá diciendo si he seguido el camino acertado». Después de constatar su inclinación por representar el agua y de reconocer la impecable técnica que desarrolla el artista para conseguir sorprendes efectos con sus reflejos, el espectador percibe que se encuentra ante la obra de una hombre que ha estudiado muy profundamente la pintura de los clásicos. «Yo tengo una formación clásica, mi pintura se está basada en la luz de los impresionistas, aunque mis técnicas y mi forma de emplearlas creo que se inscriben en las tendencias más actuales. Pero no hay duda de que conservo un importante poso clásico». Onecha compone muchos de sus cuadros a base de planos de color que se superponen, que se entremezclan y que otorgan una gran consistencia a la obra. «A medida que vas pintando -dice- vas manifestando estas preferencia un tanto cubistas de distintas formas. Al principio era yo el que buscaba intencionadamente los planos. Con el tiempo y el oficio las cosas han cambiado y aparecen por sí solos, sin buscarlos. Son, quizá, la consecuencia de ese ejercicio que repetí una y otra vez, es una secuela que me lleva incoscientemente a estructurar mis cuadros a base de planos. Yo aprendí mucho de la llamada Escuela de Madrid, Redondela o Vázquez Díaz, que fue uno de sus fundadores, de allí proceden esas estructuras pre-cubistas llenas de planos que han ido adueñándose de una parte de mi trabajo. Onecha resuelve con enorme soltura sus paisajes, pequeños pueblos perdidos en las llanuras castellanas, pueblos blancos casi confundidos con el horizonte, en los que solamente destaca la gallarda estructura de las torres de iglesia. Puentes peregrinos, puentes jacobeos que cruzan las corrientes que dividen las estepas por las que discurre el Camino de Santiago, hermosos paisajes de árboles y agua, playas desiertas o habitadas por caballos asturcones, barcos de pescadores... y alguna concesión al paisaje urbano, en este caso a rincones leoneses como la Catedral o San Marcos y algún bodegón lleno de originalidad en su concepción y de maestría en su realización. Hora: Hasta el 22 de abril en la sala Bernesga. De 12.00 a 13.30; y de 18.00 a 21.00 horas.