| Crónica | La tradición recuperada |
Bolillos contra el estrés
Más de doscientas encajeras participan hoy en el encuentro «León y sus pueblos», que concentra en la plaza Mayor una muestra de la habilidad en esta tradicional artesanía
Aprender a manejar con soltura los palillos lleva al menos tres años
Los dedos de una encajera experta se deslizan con vertiginosa agilidad entre una maraña de palillos e hilos, enredados sobre una almohadilla y una geografía imposible de alfileres hasta conformar, de manera inexplicable para los ojos profanos en la materia, una puntilla, un encaje,... un delicado tejido de dibujos y geometrías que se repiten con asombrosa perfección. «Pero la agilidad no está en los dedos, está en la cabeza. De hecho, se nota enseguida cuándo alguna de ellas ha tenido un mal día o tiene un problema; no da pie con bola. Entonces el encaje y el grupo de encajeras actúa como una terapia, como un método de relajación». Conchita Díaz heredó de su madre no sólo el conocimiento de la realización de los encajes, sino la capacidad de transmitirlo. La pionera de esta saga había aprendido la tradición en su Reinosa natal, en las tardes y noches en las que durante la Guerra Civil las mujeres se reunían en la casa de una de ellas para tejer y charlar. Para estar en compañía. Ahora son ya las hijas de Conchita las que se dedican a transmitir esta tradición, que en los últimos años ha tomado una fuerza sorprendente. De hecho, en el segundo encuentro de encajeras que hoy se celebra en la plaza Mayor la asistencia será sensiblemente menor que la del año anterior, porque son varios los encuentros convocados con idéntico fin en otras provincias. Aún así, alrededor de 220 encajeras estarán durante la mañana de hoy en la Plaza Mayor para exhibir la habilidad que han conquistado con paciencia y constancia. Porque no es fácil aprender a hacer encaje de bolillos. «Se necesitan al menos tres años para manejar con soltura los palillos, destaca Conchita, aunque depende mucho de la habilidad de la encajera. Pero es una actividad que engancha desde el principio. En nuestra tienda tenemos amigas que llevan más de diez años acudiendo todas las semanas a su cita con el encaje. Somos ya como una gran familia». El encaje de bolillos engancha, aseguran quienes lo practican, y también es una muy eficaz técnica de lucha contra el estrés. «Es sobre todo una actividad placentera y relajante, algo que se agradece con la forma de vida actual», explica la organizadora del encuentro. «Pero es también una forma importante de recuperar una tradición artesanal que podría haberse perdido. Pocas fórmulas artesanas han tenido tantas mantenedoras en los tiempos que corren». Quienes acudan hoy a contemplar esta muestra se darán cuenta de que una reunión de encajeras es mucho más que una demostración de habilidad, a veces una prueba que los dedos prodigiosos ponen a los ojos observadores. Un grupo de encajeras es, más allá del trabajo y la tradición, un ambiente de conversación y camaradería. Y un reto consigo mismas. «Al espectador ajeno a esta artesanía le llama la atención la almohadilla con muchos bolillos, los encajes más vistosos o los que tienen muchos colores. Pero esos no suelen ser los más difíciles», explica Conchita. Las encajeras confían en que la afluencia de público les permita hacer de este encuentro una cita anual fija. Horario: De 11.00 a 14.00 horas Lugar: Plaza Mayor.