Susana o cómo bailar la palabra

Con lleno hasta la bandera la Ópera de Moscú ofreció una versión modélica de «Las Bodas de Fígaro» con una Susana antológica y una puesta en escena brillante

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M. Á. Nepomuceno - león
León

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El Auditorio Ciudad de León despidió la pasada noche a la Compañía de Ópera de Moscú. Con un lleno absoluto, cerrando de este modo un ciclo de cuatro óperas que resultaron en general de un alto nivel interpretativo y escénico, con ligeros baches en las voces -lamentable Don Giovanni- y en el aspecto musical, donde se echó en falta una orquesta con mayor brío, número, afinación y matices. El éxito de la lírica se ratifica una vez más en León donde la respuesta del público local y foráneo es siempre generosa. Las localidades para las dos títulos de Mozart se agotaron hace meses y para las otras dos obras rusas se sobrepasó los tres cuartos de entrada. Algo a tener en cuenta para futuras programaciones, donde la lírica debe tener un lugar especial dentro de la temporada musical que comienza en septiembre. Pero hay que cuidar de una vez por todas los pequeños y grandes detalles, como es el del subtitulaje, para que algo costoso y que merece las máximas atenciones de producción no pase sin más sólo por el mero hecho de no traducir los textos. En resumen, las cuatro óperas resultaron en general muy bien, sobre todo desde el punto de vista escénico, siendo vocal y musicalmente Don Giovanni la más floja de las cuatro. Mejoraron ostensiblemente las dos óperas rusas que siguieron: La Nariz , de Shostakovich, fascinante y la Feria de Sorochinsky , de Mussorgsky brillante y muy bien cantada, con voces importantes y acompañamiento musical acorde. El cierre de oro Como colofón se ofreció la muy conocida y siempre agradecida obra de Mozart Las Bodas de Fígaro, con un reparto vocal importante en el que destacó la impagable Susana de Elena Andreeva, una actriz de los pies a la cabeza, que figura en su país entre las mejores sopranos de la nueva generación de cantantes moscovitas. Hija y nieta de cantantes, Elena posee una voz lírica bien impostada, extensa, grácil con recursos en la zona grave, y con un físico y una forma de moverse en escena que ya quisieran para sí muchas cantantes de primer rango internacional. Su presencia sostiene con vigor todo el entramado de una obra en la que está en escena prácticamente las dos horas y media que dura. Magnífico el Conde Almaviva, un bajo cantante de muchos quilates que supo dar vida con acierto a ese señor feudal cargado de prepotencia y ahíto de una sensualidad violenta. Su única aria - Hai gia vinta la causa¿- fue un modelo de expresión con unos crescendi de quitar el hipo. Fígaro fue desde siempre uno de los personajes más agradecidos de la ópera bufa italiana con nombres míticos de la escena como Cesare Siepi, el más grande Fígaro de la historia con más de trescientas veces el papel en su haber o Walter Berry o Herman Prey. El que escuchamos tuvo bastantes deficiencias vocales ya que su extensión era demasiado corta, sin apenas potencia en la emisión y una dicción más que dudosa. Le faltó gracia en sus hermosas arias como Si vuol ballare , plana y sin mordiente alguno lo que suplió con una más que notable presencia escénica. La condesa, volvió a estar equivocada en su tesitura. En lugar de ser una soprano dramática fue lírica y eso restó hondura al papel. Lo cantó con gusto y bastante ininteligible dicción, pero requería una mayor fuerza expresiva en ese siempre esperado Dove sono de profunda languidez resaltado por la madera en este caso apenas audible. La cabaletta carecío de elegancia. Cherubino tuvo en la voz de una soprano de timbre demasiado oscuro una fuerza y sinceridad conmovedoras. Con sus dos arias Voi che sapete y Non so piu cosa son , mostró su buena escuela de canto aunque la pronunciación afrancesada volvió a dejar que desear. Don Bartolo, magnífico en su Vendetta y Don Basilio, tenor bufo, en consonancia pero un poco limitados escénicamente. En resumen una excelente producción con una Susana de antología y el resto del reparto homogéneo y cuidado. La mejor de las cuatro óperas.

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