Director del Centro Territorial del RNE en Castilla y León
«Los periodistas sufrimos ahora un exceso de información inducida»
Si pudiera, seguiría escribiendo a máquina. Gran conocedor de la comunidad, es lo que se llama un hombre de la radio, siempre preocupado por la situación actual de la profesión

Luis Miguel de Dios, en una céntrica calle de Valladolid
Cuando esta entrevista salga publicada, el nuevo director del centro territorial de RNE en Castila y León, Luis Miguel de Dios (Guarrate -Zamora-, 1954), habrá pasado todo el fin de semana vendimiando muy cerca de su pueblo, en plena Denominación de Origen de Toro, intentando asumir los cambios que su reciente nombramiento han provocado en su rutina diaria y en el trabajo, que desde hace 21 años, desempeña en la emisora de RNE en Valladolid. -¿Qué va a cambiar en RNE en esta nueva etapa? -El peso fuerte de RNE son los informativos, por ello lo que me gustaría sería potenciar al máximo la información desde un punto de vista plural, tolerante y, sobre todo, desde la credibilidad. Potenciar al máximo la credibilidad de RNE para que esta casa sea referencia de la información. En cuanto a otros posibles cambios, tras asumir la dirección estoy estudiando cambios a otros niveles, pero creo que deben hacerse públicos cuando sean oficiales. -¿Qué otras cosas le gustaría que cambiaran? -Yo he aceptado la dirección porque hay un proyecto nuevo que me parece muy ilusionante. Primero porque se ha incorporado a ese proyecto mucha gente y porque creo firmemente en la radio pública, en la radio de todos. Creo que se puede hacer buena radio pública sin ningún compromiso político ni publicitario. Mi objetivo es hacer una radio cuya prioridad no sea, bajo ningún punto de vista, quedar bien con el político de turno, sino con los ciudadanos. -¿No es ése un objetivo demasiado utópico? -Espero que no. Creo que podemos mejorar el tratamiento de los temas y, además, creo que podemos conseguir arraigar RNE en Castilla y León. Yo me siento muy de aquí, creo en esta tierra, de la que nunca me he querido marchar. Por eso, pienso que todo lo que se pueda hacer por esta comunidad, desde cualquier lugar, es positivo. Si RNE se convierte en un instrumento para dar a conocer lo que está pasando y para que esto mejore, me daría por satisfecho. -En su toma de posesión, habló de recuperar el orgullo de RNE, ¿a qué se refería? -Dije que me gustaría potenciar el orgullo de ser de RNE, de pertener a una empresa pública que tiene el mejor trato para su plantilla de todo el sector periodístico español. Debemos aprovechar eso e ir con la cabeza bien alta, algo que, por desgracia, muchos profesionales no hacían en los últimos tiempos. Voy a recuperar el orgullo de trabajar en un medio público, porque yo sí creo en los medios públicos, aunque respeto y acepto que otros no lo hagan. -Usted ya fue jefe de informativos de RNE en los años ochenta, ¿qué queda de la radio de entonces? -En la radio, y en la información en general ha cambiando una cosa muy importante que es el peso de la información regional en muchos medios, algo que hace unos años ni siquiera existía. Por otro lado, han cambiado mucho los medios técnicos, hasta el punto de que a veces están condicionando la labor del periodista. Ahora donde menos periodistas se ven es en la calle, aunque a mí me gustaría que el periodismo volviera a estar en la calle, que es donde surgen y donde están las inquietudes de la gente. -¿Quiere decir que el periodismo se está alejando de la realidad? -Quiero decir que estamos excesivamente acostumbrados al fax de una institución determinada y a diez o doce ruedas de prensa al día, cuando en definitiva eso es información inducida. No es la que tú quisieras dar pero es la que inevitablemente tienes que dar. En la actualidad los periodistas sufrimos un exceso de información inducida. Si seguimos la agenda que los políticos marcan cada día, es imposible atender las demás cosas. -¿Los periodistas, en general, se han vuelto demasiado cómodos? -Lo que está claro es que tenemos un exceso de faxes, de comunicados, de declaraciones sobre declaraciones, en definitiva, de que te lo den todo hecho. El periodista se ha hecho bastante cómodo, pero no sólo porque no da abasto con todo lo que hay, sino porque es una profesión que no está muy bien pagada y en la que las plantillas son muy cortas. Al final los periódicos son calcos unos de otros: las diez ruedas de prensa y otros tantos comunicados. Cuando alguien da una noticia que no dan los demás, se convierte en la protagonista del día. Se ha perdido lo que antes conocíamos como «el pisotón», o ver que nos habían «pisado» los demás medios, algo que ahora cada vez se da menos. -Ha hablado antes de lo mal pagado que está el periodismo. ¿Se sienten unos privilegiados en RNE? -Bueno, yo no conozco todos los casos, pero a mí me duele muchísimo cuando un compañero que se ha tirado cinco años estudiando me cuenta que cobra 80.000 pesetas y trabaja diez horas... Y el problema es que no hay muchas perspectivas de que las cosas cambien. Creo que es la única profesión de España que está en estos momentos desregulada, puesto que no hay un convenio general que diga que un profesional debe de cobrar al menos tanto... No hay un salario mínimo establecido, y estamos hablando de una carrera de cinco años. ¿A qué conduce eso? Pues creo que a que el periodista mal pagado se convierta en un profesional frustrado, abandone la profesión o bien acabe buscando desesperadamente el sitio más cómodo para trabajar, que normalmente es un gabinete de prensa. -Sin embargo, los resultados de los medios de comunicación siguen mejorando y la publicidad sigue creciendo... ¿A qué achaca esta situación? -No tengo ni idea. Imagino que a beneficios empresariales. Nosotros de momento ese problema no lo tenemos porque no estamos sujetos a la tiranía de los resultados. Por eso, nuestra preocupación no debería ser otra que, además de ser lo menos costosos posible, estar al servicio de los ciudadanos en su conjunto. Que la radio pública funcione como tal. En cuanto a la situación general, lo que realmente me parece preocupante es la indefensión del periodista y la desregulación. Por no hablar del intrusismo, que sería otro gran debate de la profesión.