| Reportaje | Huellas sobre la nieve |
«Mi pintura es un ejercicio de memoria»
El artista Ramón Villa expone en Arte Lancia una colección de obras en las que el protagonista principal es el hombre y la adversa pero poética meteorología leonesa
Ramón Villa, durante la inauguración de la muestra, que ya puede verse en Alcázar de Toledo, 14.
Huellas sobre la nieve, recuerdos de presencias intangibles que transitan a través del frío. En los cuadros de la exposición de Ramón Villa en Arte Lancia hay reflejos de unos inviernos que dejaron su impronta en la memoria del artista. «Yo nací en el Crucero en el año 49, cuando nevaba y cuando las heladas suponían que las cañerías del agua se congelaban. En un tiempo en el que para cruzar el puente sobre el Bernesga al ir colegio de los Agustinos había que abrigarse. Pero con verdadera intensidad supe de la nieve en la montaña. Yo me considero montañés, soy un leonés del norte, de padre santanderino y madre asturiana. Recibí las sensaciones más profundas del blanco silencioso de la nieve en Rabanal y Sena de Luna, ahí mamé yo la nieve en los inviernos de la infancia». Intenta Villa ser un pintor sincero, pretende trasladar sin intermediarios sus sensaciones, sus emociones, al espectador. «En la infancia es cuando mejor se graban los recuerdos y de entonces vienen estos blancos. Al final, la pintura sincera es un ejercicio de memoria, de sensaciones, cuando pintas de verdad tiras de lo que tienes dentro, del sentimiento. Yo no me planteo nunca lo que voy a pintar, dejo mucho margen a la casualidad y al subconsciente. Los pequeños formatos son como pequeños gritos que se resuelven mucho más rápido. Los grandes son esos mismos gritos... ampliados. Pero nunca puedes tener un control total sobre lo que haces, empiezas a incorporar materia, a cubrir con colores el soporte y al final hay un resultado que nunca es definitivo y que deja una puerta abierta el próximo cuadro». El frío, estas sensaciones blancas, algunas veces salpicadas de bermellón, como si la nieve del recuerdo fuera herida por el paso del tiempo, pueden helar para siempre la pintura de Ramón Villa... contra eso el artista tiene preparadas sus defensas. «No creo que a partir de ahora todos los amaneceres sean de invierno. Soy un optimista nato, tiene que haber inviernos, pero siempre llegan después las primaveras, los veranos... y claro, los otoños. Lo triste sería que todos los días fueran iguales. Soy de las personas que creen que el hombre es capaz de cambiar los días, y en el arte debe de ser así. Todo depende de los impulsos que recibas, de las emociones, de la música, del cine, de un libro, de la gente que te rodea». El pintor, en constante evolución, tiene claro que lo importante son los signos de identidad, de esos mojones que marcan su territorio, que le distinguen de los demás. «Mi pintura ha cambiado bastante en el cromatismo, más en el color que en las formas. Creo que mis signos de identidad, si es que existen, están ahí. Lo importante es cuando el espectador, sin pararse a mirar la firma puede decir, 'esto es un Ramón Villa'. Creo que en estos cuadros permanecen los signos, los gestos... como estoy tratando de transmitir el frío y la nieve, la paleta de color ha cambiado. Aunque estoy haciendo ahora cuadros que son casi totalmente rojos... pero, ciertamente, no dejan de tener esa connotación del frío, de la nieve». Villa contempla con optimismo su futuro, «detrás de la niebla siempre está el sol y eso es mágico», y cree que en sus cuadros siempre se esconde una presencia que los humaniza. «Cuando dibujo sí que incorporo figuras, incorporo al hombre a mis obras. Pero de cualquier forma estos cuadros no están deshumanizados, son escenarios en los que el hombre acaba de irse, son cuadros transitados, hay huellas que la ventisca borrará para dejar espacio a otras nuevas, es el ciclo inevitable de la naturaleza». Horario: de lunes a viernes de 11.30 a 13.30 y de 18.00 a 21.00; sábados de 12.00 a 14.00.