| Reportaje | Las nieves de la memoria |

Teruel, Stalingrado, Faluya...

El Auditorio cierra el año con todo un acontecimiento pictórico: La Batalla de Teruel, una invitación a la concordia en la que el pintor Luis Gómez Domingo da lo mejor de sí mismo

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Vicente Pueyo - león
León

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«¡Cuánta luz, cuánto hielo, cuánta nada!/ Ahora, donde Dios era de fuego,/ donde hablaba el dolor, llora el vacío» (Antonio Gamoneda) Teruel existe y es hermosa. Pero, aún hoy, 67 años después, sigue llorando el vacío en el escenario del frío y de la muerte. La nieve cruje en la memoria, pero el tiempo ha difuminado la pincelada. Ese alejamiento desvanece rencores y acentúa el drama humano, la esencia perpleja de las guerras. Luis Gómez Domingo, turolense y berciano (el corazón es más ancho que la geografía), se subió a los altos del cementerio viejo para contemplar el paisaje de la infancia donde todavía se atisban restos de obuses y trincheras y hasta un recio nido de ametralladoras que hoy protege de los vientos a un almendro. El pintor, que ilustra desde hace años las páginas del Filandón con sus impecables dibujos, aceptó el reto y valiéndose de una técnica en plenitud, plasmó en una veintena de cuadros la tragedia de aquel invierno insufrible de 1937. Quienes visiten la exposición, -que ayer se inauguró en el Auditorio de León y que permanecerá hasta el próximo 10 de enero-, no identificarán bandos ni enemigos porque lo único que Gómez Domingo ha desenterrado con sus pinceles es un íntimo deseo de reconciliación. Eduardo Aguirre, comisario y promotor de esta iniciativa excepcional, lo explica con sencillez: «Esta es una exposición con una clara voluntad de paz». Gómez Domingo asegura que nunca antes se había sentido tan absorbido por una idea y, al mismo tiempo, tan libre para desarrollarla. «Me propuse expresar sentimientos y emociones en cada trazo». La técnica utilizada transita por una figuración que está en los límites de la abstracción. Pintura sugeridora y también testimonial porque el pintor quiso ser deliberadamente fiel a algunos de los fotógrafos que inmortalizaron los hechos como Capa o Centelles. El trabajo es también un homenaje a Vela Zanetti que participó directamente en la batalla de Teruel en las filas republicanas y que es el hilo conductor de la muestra con singular protagonismo en varios de los cuadros. La austeridad, casi ausencia, en el uso del color es otro de los ejes de esta muestra singular. Las generaciones de la posguerra han interiorizado en «blanco y negro» la contienda y de ahí que Gómez Domingo renunciase al color en favor de un mensaje sobrio, sincero y directo que invita al diálogo. «Quiero decir mucho con poco». Pura esencia ibera en un pincel que se hermana en el camino con el Goya más rotundo. No es ésta una exposición para perderse.

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