Milán estrena una Scala remozada y con una acústica «casi perfecta»
Los buenos aficionados a la ópera, y por supuesto todos los milaneses, saben qué día es el 7 de diciembre. Es San Ambrosio, la fecha que marca cada año el inicio de la temporada de la Scala. Desde hace tres años, la histórica cita de la prima era un tanto deslucida, porque la sede tradicional del teatro ha permanecido cerrada, inmersa en una compleja restauración. Las representaciones han tenido lugar en el Arcimboldi, un auditorio moderno, a desmano y en las afueras. Pero este martes, la ópera vuelve a donde siempre ha estado, al teatro de la Scala, a dos pasos del Duomo. Es el San Ambrosio más emocionante de las últimas décadas. Aunque es una sorpresa, de la nueva Scala se sabe hace tiempo casi todo. Mientras dos turnos de obras se afanaban de seis de la mañana a nueve de la noche por terminar el trabajo a tiempo, la ciudad y el mundo de la cultura no han hecho más que discutir sobre el proyecto. Dotar al teatro de las últimas tecnologías escénicas, los más alambicados ingenios de tramoya y renovar las instalaciones ha requerido tres años. Es uno más de lo que tardó Piermarini en construirla. Nuevos materiales La sala se ha reconstruido idéntica pero con nuevos materiales: una torre escénica de 58 metros y los últimos adelantos constructivos colocan a la Scala a la altura tecnológica de cualquier auditorio moderno y permitirá más representaciones y obras simultáneas. La nueva acústica ya ha recibido elogios desmesurados en todo el mundo y por fin se ha logrado que sea totalmente igual en cualquier rincón de la sala.