Diario de León

Una noche incandescente

La mezzosoprano argentina brindó un clamoroso recital en el Auditorio Ciudad de León junto al pianista Jean Diatkine

La cantante argentina, durante el concierto que ofreció en León

La cantante argentina, durante el concierto que ofreció en León

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - león
León

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Sin duda ha sido un acierto de la dirección del Auditorio el programar dentro de la presente temporada a una cantante como Alicia Nafé para escucharla en una de sus especialidades: el lied con mayúsculas. Y no sólo un acierto sino un gozo para los aficionados  porque no todos los días se tiene el privilegio de escuchar a una de las mejores voces del siglo en su cuerda. A estas alturas de la función, nadie va a descubrir quién es Alicia y sus extraordinarias cualidades canoras reconocidas desde hace décadas por la crítica de los cinco continentes, pero sí es necesario, a la vez que un ejercicio de honestidad, decir que hoy por hoy hay pocas voces dentro de su cuerda que  se igualen con el mórbido, compacto, flexible y rotundo timbre, de la mezo argentina. Acompañada con acierto por el pianista francés Jean Diaktine, que sufrió lo suyo con el piano de marras, por cierto bastante desajustado, Alicia se encaramó sin red a una suerte de recital en el que el dramatismo de la ópera alternó con la fuerza incontenible de las canciones populares de su tierra, hechas de fibras de ternura, nostalgia y dulzura. Sólo la manera que tuvo de abrir el recital con esa especie de lamento que es Sgombra e la sacra selva , de la Norma de Bellini, quedó claro que no íbamos a asistir a una velada más de canto y piano sino a una suerte de ofrenda canora con una cantante excelsa como oficiante. Dueña de una perfecta dicción y de una concepción del drama poco frecuente, la mezo dio a cada grupo de frases la intencionalidad requerida, plasmando gemas del mejor canto con dos  bellísimas arias de Capulleti e i Montechi de Bellini y Oh, mio Fernando de Leonora de La Favorita , autenticas piedras de toque para saber si quien está delante es una cantante más o una verdadera diva en el sentido más purista del término. Su amplio fiato, casi milagroso, le permitió hacer interminables algunas terminaciones, dejando al descubierto la morbidez de su canto y la límpida musicalidad que la Nafé posee con legatos en la mejor tradición canora de antaño. Sus perfectos reguladores, su canto delicado y su extraordinaria comunicatividad atrapan de inmediato al espectador.  Asombra la maleabilidad de su voz extensa y dotada para hacer con ella lo que quiere, subiendo a tesituras de soprano o dejando las notas en unos filados casi inaudibles. Su Habanera fue tan personal y hermosa que rompió moldes, haciéndola humana y no desgarrada y furiosa. Con las canciones de su amado Guastavino sedujo por la forma que tiene de entender su mensaje. Piazzolla deslumbró por la fuerza de su música y el tremendo desgarro de sus letras, mientas Monsalvatge lo dijo de una forma que no necesitó a penas gestualidad porque la fuerza de Alicia reside en su expresividad, su profunda y dominadora mirada y su exquisito y natural canto. Un lujo que debe regresar a León.

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