Diario de León

Los poetas se movilizan para que el chalé madrileño de Vicente Aleixandre no se caiga a pedazos

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Tomás García Yebra - madrid
León

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Fue premio Nobel de Literatura en 1977, pero no parece mérito suficiente para impedir que su chalé de Velintonia 3 se esté cayendo a pedazos. Hace diez años, más de un centenar de poetas e intelectuales solicitaron ayuda al gobierno autónomo para que transformara la casona de Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-Madrid, 1984) en una fundación y en un centro de estudios de la poesía del siglo XX. El grito de socorro dirigido al Partido Popular cayó en saco roto. Diez años después, los mismos poetas -con alguna adhesión más y también con alguna baja por fallecimiento- vuelven a la carga, pero esta vez con más fuerza y argumentos. «El pasado jueves enviamos una carta al presidente Zapatero para que estudie nuestra propuesta; contamos, además, con la buena predisposición de los herederos, algo que no ocurría en 1995», manifestó el secretario del Ateneo, Alejandro Sanz, uno de los promotores de esta iniciativa que ha vuelto a cobrar nuevos bríos veinte años después de la muerte del Nobel. «Lo deseable sería que la casa la comprara y rehabilitara un organismo oficial, puesto que si cae en manos privadas corremos el riesgo de que el día de mañana la vendan». Construida en 1927, la vivienda -de dos plantas, alrededor de 1.500 metros cuadrados, más un jardín de unos 400 metros cuadrados- se halla deshabitada desde que Aleixandre muriera en 1984. «Nosotros queremos venderla; deseamos, además, que se haga para los fines que ha propuesto el Ateneo, pero lo que no vamos a hacer es regalarla», explica Amaya Aleixandre, sobrina-nieta del poeta y una de sus herederas. Centro de estudios «En 1995, cuando se hizo la primera tentativa, pedimos 300 millones de pesetas; vamos a hacer una nueva tasación y a ver qué nos dicen ahora, pero lo que tenemos claro los herederos es que por debajo de esa cifra no la vamos a vender», afirma rotunda. Y añade: «Nos gustaría que la casa se convirtiese en una fundación y en centro de estudios de poesía, porque ese era el sueño de mi tío, pero también quiero señalar que no estamos cerrados a ninguna oferta; si el Ayuntamiento o el Ministerio de Cultura la compra a un precio razonable, perfecto, pero si nos ofrecen una cantidad que estuviera por debajo de su valor y hay otras ofertas mejores, como la de convertirla en una residencia de ancianos, pues nos lo pensaríamos, porque lo que no estamos dispuestos es a perder dinero».

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