El veterano poeta destacó la «liberalidad controlada» de quien fue director del Diario de León
«Si don Antonio viviera yo sería su escudero, que buena persona era»
Victoriano Crémer inauguró en la Facultad de Filosofía las jornadas sobre González de Lama
El poeta y periodista Victoriano Crémer impartió en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras la conferencia inaugural de las jornadas en homenaje a Antonio González de Lama con motivo del centenario de su nacimiento. Tras la palabras de presentación del vicerrector, que aprovechó para anunciar el intento de creación de una cátedra con el nombre de González de Lama, así como del representante del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, patrocinador del evento, fue el director de las jornadas José Enrique Martínez quien trazó una breve semblanza de lo que la figura del sacerdote, poeta y periodista nacido en Valderas en 1905 significó para la cultura leonesa en una de las épocas más determinantes de su reciente historia. Presentó seguidamente a una de las personas que vivieron más de cerca con el homenajeado, el escritor Victoriano Crémer, miembro fundador junto al propio De Lama de la revista literaria Espadaña (1944-1951) que marcó el comienzo de una de las etapas más ricas de la poesía española de la posguerra. Utilizando su verbo más ágil y afilado y haciendo alarde de una memoria privilegiada, Crémer se lanzó sin red, como es su costumbre, a diseccionar la figura humana y poética del que fuera llamado el «cura filósofo». No dejó Crémer aspecto alguno por tratar haciendo especial hincapié en la «liberalidad controlada» del sacerdote, cuya bonhomía y natural cordialidad le granjearon pronto la amistad «de quienes como yo andábamos a la sombra de su sabiduría». Encuentro casual Habló luego de su primer encuentro, que fue «casual» pero buscado por ambos, ya que el cura «hacía críticas muy personales y doctas de literatura y yo a mí vez componía versos. Como yo necesitaba un lugar donde encontrar libros porque entonces era un poeta pobre, me acerqué a la Biblioteca Azcárate, donde estaba de maestro y director. Allí comenzamos a vernos y comenzó a nacer una amistad que perduró hasta su muerte». «Alrededor de nuestro diálogo -continuó- comenzaron a unirse varios jóvenes que iban por la biblioteca y así fue como nació Espadaña . Los chicos jóvenes rompíamos moldes antiguos, éramos un poco como los nietos de la Generación del 98». Habló seguidamente Crémer de lo que representó para la sociedad leonesa de aquel entonces el nacimiento de una revista tan rompedora donde pronto comenzaron a colaborar José Castro, Eugenio de Nora, Josefina Aldecoa, Luis López Santos, Dámaso Alonso, Blas de Otero, y varios poetas que por entonces comenzaban a hacer sus primeras armas en la lírica. «La revista -dijo- nació como oposición a la revista Garcilaso, neoclásica, intimista y nacionalista. Con Espadaña comienza a hacerse una poesía preocupada por la realidad social, por la injusticia y la miseria. Empleábamos un lenguaje sencillo para poder ser entendidos por todos». Crémer finalizó diciendo: «Si ahora viviera yo sería su escudero, que buena persona era».