«Cada obra es un poco más, nunca el final» aseguraba este catedrático fallecido en el 2003
Caja España recuerda a un gran pintor leonés, Ignacio Gómez Domínguez
La Obra Cultural presenta una selección de sus obras en la exposición «In memoriam»
El rasgo más acusado de la pintura de este autor es el movimiento
Ignacio Gómez Domínguez tuvo una vida corta pero intensa. Estos días se puede admirar en la Obra Cultural de Caja España una gran selección de sus obras, en las que el desaparecido pintor se muestra, a pesar de su juventud, como un artista tremendamente maduro. Gómez Domínguez pintaba con el corazón puesto en cada pincelada, su obra está llena de verdad, de gestualidad sincera, es el gran testamento de un hombre que tuvo muy poco tiempo para mostrar al mundo sus inquietudes. «No me satisfacen los resultados perfectamente diseñados -decía- los finales previsibles que anulan el interés de la obra antes de finalizarla, convirtiéndola en algo descontrolado. Cada obra es un poco más, nunca el final». En esta exposición se puede apreciar perfectamente su evolución artística partiendo de un figurativismo clásico, para terminar acercándose a la abstracción en unos cuadros pletóricos de ritmo, de una composición tremendamente agitada en la que posiblemente se reflejen sus angustias. «Esta obra -explicaba el artista- nace de la sintonía pictórica que siento por el expresionismo abstracto norteamericano y el informalismo español. Pero no sólo es un homenaje a estas corrientes, sino la necesidad de comunicarme, después de muchos años pintando, con total libertad de expresión, adentrándome en el gestualismo que se desprende de mi obra habitual, no exenta de figurativismo; aunque inmerso en cierto grado de abstracción». El rasgo más acusado en su pintura es el movimiento, hasta cuando la figura a representar reposa en una postura de quietud, las masas y los colores del artista se trasladan por el lienzo en un viaje vertiginoso. Incluso en sus obras más informalistas, es ese ritmo desbordante su característica definitoria. Especialmente interesante es la larga serie de bocetos, de acuarelas mínimas que nos hablan bien a las claras de un artista que tenía aún muchas cosas que contar. En estos pequeños trabajos se muestra más íntimo, más liberado, mientras hace un gratificante ejercicio de creación pura, sin condicionamiento alguno. Ignacio Gómez Domínguez (León 1955-2003) se licenció en Bellas Artes en la Facultad San Carlos de Valencia y fue catedrático de Dibujo en el IES Claudio Sánchez Albornoz de León. «Pintar es un trayecto sin fin -solía decir- es como el que toma un tren que se mueve por su interior y no encuentra la salida, pero no para de buscarla». Horario: laborables de 19.00 a 21.00, festivos de 12.00 a 14.00. Calle Santa Nonia, 4.