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El cantar de los cantares
La soprano Alina Sánchez, estrella del recital de Francisco en una noche irregular
Un momento de la actuación de Francisco en el Teatro Emperador
Tras el concierto ofrecido el pasado jueves en el Teatro Emperador organizado por la Cope, creo honradamente que el admirado cantante valenciano Francisco se está desviando peligrosamente de su verdadera y exitosa trayectoria musical y que por mucho que se esfuerce en incursionar en el terreno de la lírica, por mucho que se haya preparado y estudiado con maestros de la talla del venerado Francisco Puig o la gloriosa Monserrat Caballé, sólo puede hacer este tipo de recitales ante auditorios no versados en esta clase de música, porque de otro modo se expone a que su prestigio y labor, corran el peligro de convertirse en un fiasco del que le será difícil recuperarse. Si nos atenemos a lo escuchado, hemos podido apreciar que su zona central es cálida y muy apropiada para lo que venía cantando hasta ahora, y que su fuerte se encuentra en la zona alta donde su potencia, color y fiato le permiten mantener la nota para su lucimiento y entusiasmo de públicos no entendidos. Pero tanto la zona grave como la de paso, se resienten de una mala colocación de la columna de aire, lo que le deja sin resuello a la hora de cerrar las frases con terminaciones forzadas, desafinadas y calantes, descoloca su emisión y afea lamentablemente toda la labor canora del aria que en ese momento interpreta. En León destrozó un Nessum dorma, que no pudo concluir con afinación, se mantuvo a duras penas en No puede ser y Violetas imperiales gracias a su hermoso timbre en la zona alta, y volvió a no acertar con Oh Sole Mío, ni con Granada, a la que tuvo que hacer un guiño a León para disimular su insegura emisión. Valencia la bordó, porque es lo suyo y el dúo con esa gran soprano lírico ligera que es Alina Sánchez no fue precisamente una dechado de bondades, mal impostado, mal cantado y con una línea de canto ajena a lo que pide la partitura del maestro Serrano. Menos mal que no cantó la mayoría de las obras anunciadas como la Jota, del Trust de los Tenorios, Una furtiva lágrima, Ché gelida manina o la imposible Oh la paterna mano, más propia de un tenor dramático, con más cuerpo en la voz que Francisco. Pero el recital, al suprimir tanto, quedó cojo y corto. Alina Sánchez, a la que ya tuvimos ocasión de escuchar en León hace trece años con la orquesta de Matanzas, es una excelente soprano lírico ligera, de voz hermosa, afinada, bien emitida y sobre todo con unas experiencia canora que no tiene el tenor. Bordó la mayoría de sus intervenciones y salvó un recital fallido. El pianista, mal. Acompañó con miedo, tocó bajo, no utilizó a penas la mano izquierda en los acompañamientos y por si fuera poco mantuvo la tapa del piano casi bajada para que aún se oyera peor. Como nota curiosa, es el primer pianista acompañante que he visto en mis largos años de profesión que aplaude a los intérpretes antes de que lo haga el público, en un gesto descarado de peloteo anunciador de ovaciones, aunque no se merezcan. Por último, volver a felicitar a los hacedores de programas, porque gracias a ellos hemos descubierto para la historia de la música que tanto la Danza Española nº 5, de Granados, como la Sevilla, de Albéniz, fueron escritas para la voz de Francisco. Todo un hallazgo.