Escritora y ex diputada por el PSC

«Por desgracia, no todos los elegidos democráticamente son demócratas»

La veterana militante socialista presenta hoy en el Club de Prensa su libro «Una mujer en la transición», la memoria y los secretos desvelados de una etapa histórica decisiva

Anna Balletbó estará hoy en el Club de Prensa del Diario de León

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E. Gancedo - león
León

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Dos protagonistas de lujo para una tarde dedicada al debate político, la perspectiva histórica y el análisis de la actualidad. Fabián Estapé, reciente e ilustre vecino de la capital leonesa, ex rector de la Autónoma de Barcelona y uno de los economistas españoles más influyentes en la vida política del país, acompaña hoy a Anna Balletbó -ex diputada por el PSC y protagonista y testigo privilegiado del paso del franquismo a la democracia-, quien presenta su libro Una mujer en la transición (ed. Flor del Viento). -La España actual, ¿es el sueño perseguido de la transición? -Creo que si en aquella época nos hubieran podido hacer un retrato robot de la España actual no nos lo hubiéramos creído, nos habría parecido la carta a los reyes magos... Está claro que hay que mejorar muchas cosas, pero visto cómo estábamos entonces, con el franquismo impregnándolo todo, un futuro incierto, una difícil transformación de los cuerpos de seguridad, una riqueza mal repartida... si alguien nos dijera cómo íbamos a estar ahora, le hubiéramos acusado de tomarnos el pelo. -¿Tuvieron las mujeres un papel realmente importante en aquella etapa? -Fue un movimiento social muy importante, tanto como el movimiento obrero, el vecinal o el asociativo. A la hora de arrimar el hombro, allí estábamos; por tanto, hay una parte de la democracia que nos corresponde por derecho. En realidad llevamos a cabo una lucha paralela, una social y política, la otra como movimiento feminista. Además, tuvimos que debatir mucho con otras compañeras, sobre todo comunistas, quienes sostenían que primero había que hacer grandes cambios sociales para pasar después a los individuales; en realidad, para que aquellos sean posibles, es necesario salvaguardar primero la libertad del individuo... El movimiento feminista era casi inevitable, por otra parte, ya que es muy difícil que las conquistas sociales las disfruten sólo el 50% de la población de un país. -¿Fue el sistema autonómico el mejor de los posibles? ¿No tiene a veces la impresión de vivir en un país excesivamente parcelado para todo? -Hay que ponerse en aquella época: 23 de febrero de 1981. Todo un golpe encima de la mesa. Y claro, se cerraron filas inmediatamente. El presidente Calvo Sotelo reunió a un grupo de expertos para que, en sólo tres meses, acabaran de diseñar los marcos autonómicos y se pusiera punto final al debate. Nadie sabía bien qué pasaba pero era necesaria una estabilidad cuanto antes entre tanta inquietud. Se hizo lo que se pudo hacer. -La inquietud, ahora, parecen ponerla los nacionalistas y sus exigencias. ¿Hacia dónde caminamos? -Mmm... yo diría que hace falta un debate sin restricciones, abierto. Pero sin exagerar los planteamientos. Sería como acabar un proceso que no se acabó en su momento, cuando le vimos al orejas al lobo con el golpe de Estado. Es algo normal reformar los estatutos, tiene que pasar serenamente, y marcaría el final de la transición. Por ejemplo, el estatuto catalán tiene 25 años, es normal replanteárselo. Lo malo es mezclar cosas que nada tienen que ver con ese debate. Y nadie va a romper la baraja, ni siquiera ERC. Incluso en el País Vasco se van canalizando las cosas. Es un proceso normal, natural, siempre garantizando la cohesión, por supuesto. Incluso Aznar negoció con ETA. El acercamiento actual no significa abandonar la presión policial. El problema también está en el ruido que acompaña a todo esto. -¿Ruido como el de las manifestación por la familia del pasado sábado? -Mira, tuve un pensamiento ante la foto de los dirigentes del PP acompañados por casi veinte obispos: «Esta es la España que no quiero». Al margen del lógico respeto ante todas las posturas, tengo que decir que sea cual sea el modo de familia elegido, sus derechos han de ser respetados. Otra cosa es el nombre elegido para ello, si ha de ser o no el de matrimonio. Me duele por la Iglesia española, por su radicalización, y creo que tanto ella como el PP se romperán en dos a causa de estas manifestaciones. Porque los que pierden, en democracia, no quedan exentos de acatar la decisión de la mayoría: la intervención en Irak no se aprobó en el Parlamento pero la aproximación a ETA y la ley de la familia sí... En el fondo, creo que el problema surge de negar la evidencia y de que el PP no ha digerido la derrota electoral. ¡Después de tantas pruebas, aún hay gente como Acebes o Zaplana que sostienen que a las doce del mediodía es de noche! -La duda está en si esos movimientos son espotáneos o están siendo instrumentalizados... -Claro. Para mí, el problema está en que una persona que niega la evidencia está en condiciones de no aceptar un resultado democrático, lo cual es peligroso. Como resultado de todo esto, creo que Aznar volverá. Y fagocitará a Rajoy, que no es más que un moderado marcado por todas partes.

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