Luis Mateo y Merino escudriñan en Praga el mito de «Don Quijote»
Los escritores españoles José María Merino y Luís Mateo Díez han celebrado en Praga, con motivo de la inauguración del Instituto Cervantes de la capital checa, al «santo patrón» de las letras. Cervantes «es el santo patrón de todos los escritores, mientras que la patrona es Sherezade», afirmó el leonés Merino al inicio del Diálogo sobre el Quijote , un mano a mano entre él y Mateo Díez, acto que marcó anoche el inicio del programa cultural de este centro praguense, abierto solemnemente el lunes por los Príncipes de Asturias. Merino, Premio de la Crítica (1985) y Premio Miguel Delibes de Narrativa (1996), exponente del realismo fantástico, confesó no haber sentido al inicio «ninguna simpatía» por el desdichado, apaleado y sufrido Alonso Quijano. «Lo descubrí a los 18 o 19 años, cuando se descubre la melancolía, el amor, el sueño», aunque para este escritor de padre republicano el «Quijote era paradigma del exilio», algo «muy incorporado en la vida ordinaria» de la familia Merino. El autor de Cuentos de los días raros ironizó con que, a diferencia de los literatos británicos Henry Fielding y Charles Dickens, que «aprendieron mucho del Quijote, los españoles somos quijotescos tardíos». Merino terminó su intervención asegurando que el Quijote es una obra misteriosa que continuamente abre nuevas lecturas. «Un libro en la vida» Mateo Díez (Villablino, León, 1942) destacó que es difícil que el Quijote, «un libro en la vida», no caiga como parte de tu existencia, por sus muchas cargas de profundidad, por ser un espejo enormemente multiplicador. El académico de la Lengua, que crea espacios imaginarios y trabaja con mitos y leyendas de su tierra de León, mencionó además que Cervantes, pese a ser un escritor de «conciencia herida» era muy consciente de todo lo que escribía y de su capacidad de creación. «Era un hombre rompedor, que creó una construcción laberíntica, que rompió convenciones con extrema naturalidad», indicó el leonés, autor de El reino de Celama , Premio Nacional de la Crítica (1986), Premio Nacional de Literatura (1987) y Premio Nacional de Narrativa (2000). Para el académico de la Lengua, la obra suprema de Miguel de Cervantes es algo más que un clásico. Destacó que llegó al escritor del Siglo de Oro a través de la literatura oral, a través de uno de sus maestros de escuela.