El historiador Charles Nicholl destaca en un libro el «retrato» que hizo Freud del genio italiano
Una biografía sobre Da Vinci desmonta las «fantasías» del libro de Dan Brown
«No le interesaron los códigos secretos ni las logias y ni siquiera tenía inquietud religiosa»

Detalle de «La última cena» de Da Vinci, que centra los enigmas del libro de Dan Brown
Fantasías y elucubraciones disparatadas. Así resume el historiador Charles Nicholl las teorías desplegadas por Dan Brown en la novela El código Da Vinci , una historia de la que lleva vendidos varios millones de ejemplares en todo el mundo. «A Leonardo da Vinci nunca le interesaron los códigos secretos, ni las logias masónicas, ni tan siquiera tenía inquietudes religiosas; con Dios mantuvo una relación más bien tibia», afirmó Nicholl, autor de Leonardo, el vuelo de la mente (Taurus), una biografía de 699 páginas en la que ha invertido cinco años hasta poder culminarla. «He tratado de recuperar al ser humano que se escondía detrás del genio», dijo este historiador británico cuyo anterior trabajo, Rimbaud en África, alcanzó un notable éxito editorial. «De su obra se sabe mucho, pero de su alma no se sabe casi nada», resaltó. Nicholl, quien actualmente reside en Italia, aborda las facetas de pintor, dibujante, inventor, anatomista, músico, tramoyista, ingeniero, cocinero y filósofo que fue Leonardo da Vinci (1472-1519). «Creo que su labor más destacada fue la de dibujante; ahí podemos admirar a un Leonardo que se expresa con inmediatez, con hondura, con verdad». De todas las especulaciones que se han hecho de su pintura, la más sugestiva, a su juicio, es la de Sigmund Freud. «A Leonardo le marcaron varios acontecimientos de su infancia y adolescencia: la frialdad de su padre, el haber nacido hijo ilegítimo, su inclinación homosexual, y también, aunque parezca una nimiedad, el hecho de ser zurdo». Nicholl aseguró que Freud manejó muy bien todos estos ingredientes. «A partir de un sueño que tuvo Leonardo montó una teoría sobre sus pulsiones sexuales y sus comportamientos afectivos que a la mayoría de los especialistas en la obra de este artista no nos ha resultado indiferentes».
Frío y distante
Afirmó que, como ser humano, era frío y distante. «En realidad, fuera de sus actividades artísticas y creativas, no le interesaba casi nada; querer, lo que se dice querer, sólo quiso a Giacomo Caprotti, Salai, un discípulo que entró a trabajar en su taller a los diez años y con el que mantuvo una prolongada relación sentimental; dejando a un lado esta concesión a su parte más humana, fue un hombre desarraigado, sin familia y sin amigos». Todos los asertos del historiador británico se fundamentan en las más de 7.000 páginas manuscritas del artista toscano.