Diario de León

El autor, cuya última novela aborda el tema de la clonación, aboga por explorar sus posibilidades

Houellebecq: «El mundo no es un lugar bueno ni bien organizado»

Fernando Arrabal entregó al polémico y exitoso escritor francés el Premio Leteo en el Auditorio

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E. Gancedo - león
León

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Para los miembros del joven y muy activo Club Cultural Leteo, el premio otorgado ayer al escritor francés Michel Houellebecq tiene «la misma valía» que los anteriormente concedidos a Antonio Gamoneda, Belén Gopegui, Gonzalo Rojas y Fernando Arrabal, pese a que el revuelo mediático ha sido, en esta ocasión, considerablemente mayor. El imprevisible Fernando Arrabal fue el encargado de hacer entrega de este quinto galardón a Houellebecq, un autor de frágil apariencia que ya lleva vendidos en su país natal más de 200.000 ejemplares de su última novela, La posibilidad de una isla (en España, editada por Alfaguara). También poeta y ensayista, el galo -siempre acompañado de su perro y de sus cigarrillos- compartió con Arrabal un encuentro con los medios de comunicación que no siempre transcurrió por los cauces de la lógica: Arrabal se pasó buena parte del tiempo dibujando en unos papeles y su compañero lo miraba todo con aire distraído: o bien contestaban con monosílabos o hilaban largas y lentamente pronunciadas disertaciones. En unos primeros momentos, el autor de Plataforma se vio «incapaz» de contar cuál era el argumento de su nueva novela, La posibilidad de una isla . «Ni siquiera puedo hacer las sinopsis de mis novelas para las contraportadas». Y aclaraba: «Escribo porque no sé hablar muy bien». Así que tan sólo acertó a decir que se trataba «de una crítica implícita al budismo». Preguntado más tarde qué aspectos del budismo le parecían criticables, el literato dijo que ninguno; pero que exponía en su libro la experiencia de personas que no habían hallado «soluciones» en el budismo: «Encuentran la paz, sí; pero es una paz triste», explicó. Tras los instantes iniciales de desconcierto, en que el propio Arrabal intentaba sentarse al lado de los periodistas en vez de en la mesa principal, Houellebecq se quitaba de encima el adjetivo de «polémico»: «En España no. Aquí no ha sido tan controvertida como en Francia», precisó. Tras hablar posteriormente de temas relacionados con la inmigración, el francés hizo una decidida defensa del género biográfico (entendido como «conjunto de diálogos»), del que se declaró «último representante», y refirió también su incapacidad como autor teatral: «No sé cómo hacer hablar a los personajes». Recordó que una vez había asistido a un curso para escribir teatro y que allí había visto una literatura «nula». Pero Arrabal defendió el género diciendo que los dramaturgos «han escrito algunas de las mejores novelas del siglo XX». Acerca de lo que «une» y lo que «separa» a los dos autores, Houellebecq calificó la pregunta de «impúdica», pero Arrabal sí se atrevió a dar respuesta: «Estamos en las antípodas. Él está cercano a Schopenhauer, yo a Wittgenstein; yo leo a Rimbaud, él, a Baudelaire». «Somos diferentes en tamaño, en filosofía, y hasta en ajedrez». «Por cierto, y ahora que estamos en León, declaro que dentro de cuatro días el campeón mundial de ajedrez será Topalov». También recordaba Arrabal una ocasión en que el perro de Houellebecq le comió su valioso reloj Swatch. En fin, surreal.

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