¡A la salud de Pitol!

En que se habla de cosas increíbles y se hace metaliteratura para solaz de algunos e indiferencia de otros, que de todo hay entre los lectores de estas modestas crónicas El condado de Sancho

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Eduardo Riestra - león
León

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Anda Cervantes bastante revuelto con todo el asunto de los premios literarios. No entra en los casos de moda, como lo del Planeta o lo de los fallos que dejan desiertos algunos concursos. Cervantes lo que hubiera querido es ganar el Premio Cervantes. Más que nada por el dinero, que a estas alturas de su vida le viene muy bien. Pero, como es de buena madera, alza su copa de vino de Cacabelos con la mano buena a la salud de Sergio Pitol. (Se le ocurre entonces que tal vez le podrían conceder el Premio Pitol). Apura el trago, carga la pluma, y continúa con nuestra historia. Y en ésta a don Quijote le dura todavía la indignación con el clérigo incrédulo, que cuestiona la existencia de los personajes cuyas aventuras narran las novelas de caballerías. ¿Cómo puede dudar que sean ciertos los episodios que narran libros que se han impreso con la licencia de los reyes, y la aprobación de libreros y lectores? Libros que por cierto no obligan a nadie a su lectura. Libros que cuentan, por ejemplo, el episodio del lago de chapapote hirviendo (él dice «pez», pero si yo pongo aquí «pez hirviendo», muchos pueden creer que se trata de un reo a una trucha asalmonada cocida con cachelos y salsa mayonesa) en el que viven espantosos reptiles y desde el que una voz requiere a un caballero cualquiera que por allí pasaba para que se lance sin dudar a las aguas negras para descubrir un mundo de maravilla, y cómo el caballero no duda, y se lanza con armadura y todo, y descubre, por así decirlo, el paraíso terrenal. Porque bajo aquellas aguas se encuentran los siete castillos de las siete hadas, y el cielo es más transparente, y luce con más brillo el sol, y hay manantiales de aguas frescas y todo ese rollo. Y descubre el caballero un castillo del que unas doncellas salen a recibirlo, y lo desnudan y lo bañan (vamos a dejarlo aquí, que estamos en horario infantil). En fin, este Cervantes, a veces, cuenta unas chorradas increíbles, y uno comprende que no le hayan dado el premio que reclama. Pero continúa diciendo don Quijote una sentencia de mucha sustancia, y es que él quisiera ser rico para ser pródigo, que hay muchas virtudes que no se pueden ejercer por falta de medios. Y ahí, mira tú, tiene razón, porque ¿de qué sirve no ser celoso si uno no tiene novia, por ejemplo? Añade que quiere reino para dar un condado a su escudero fiel, y lo oye Sancho y explica a su señor y a usted y a mí, que estamos leyendo, lo buen gobernador que sería llegado el caso. En éstas estaban cuando se apareció por allí un cabrero que perseguía a una cabra a la que llamaba con el nombre de Manchada , el cual aceptó sentarse con ellos y contarles una historia, que la semana que viene se dirá.

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