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LIBORIO GARCÍA
León

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RECUERDO con nostalgia una de las escenas con las que mi ínfimo intelecto televisivo más disfrutó en su tierna infancia; la imagen de mi adorado Epi sirviéndole a Blas un plato de sopa con el dedo metido en los fideos provocaba en mi carcajadas convulsivas que duraban hasta que llegaba Casimiro. Hace unos días volví a ver aquella escena aunque me habían cambiado la trama, el horario y hasta los protagonistas. Epi se había convertido en un simulacro de bailarín sin oficio conocido y Blas era un reputado chef de acusadas dotes marciales que interactuaban en un infierno de cocina. En efecto; allí estaba tambaleándose la Estrella Michelín de Sergi Arola cuando tras un sonoro estornudo le estrechó la palma llena de tropezones a Ernesto Neyra. Pero lo mejor estaba por venir. Veamos; pagarle a la productora del programa¿ unos cuantos millones de euros. El caché de la presentadora¿ cuarto y mitad. Ver la cara de Bárbara Rey al ver a sus colegas de reparto... ¡no tiene precio! Y es que muy mal ha tenido que darse el casting para formar una troupe en la que Miss Lugo y Bienvenida Mr. Cursi son los estandartes del famoseo patrio. Intento aguantar hasta el final por si vuelven Epi y Blas pero me secuestra Morfeo. Al día siguiente el síndrome de Estocolmo anula mi juicio. Gracias a Dios fue una pesadilla. Hubiese sido un infierno.

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