Antonio Gamoneda gana el Reina Sofía, el «Cervantes» de la poesía
El poeta leonés se impuso por mayoría sobre los setenta candidatos que aspiraban al premio Entrevista: «No desprecio ni menosprecio el premio, pero no me excito»

El poeta leonés Antonio Gamoneda consquistó ayer por mayoría el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en su décimo quinta edición. Dotado con 42.000 euros, concedido por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca, el galardón es una suerte de Cervantes de la poesía y el más importante dedicado al género en la esfera institucional. Gamoneda se impuso a otros 71 candidatos en la deliberación de un jurado de lujo del que, entre otros, formaron parte el Nobel de Literatura, José Saramago y el argentino Juan Gelman, ganador de la pasada edición. Un jurado que apreció en la «poderosa obra» de Gamoneda una profunda «huella ética»· «Su obra poderosa atraviesa el último tercio del siglo XX y penetra con profundidad y hondura inigualables en las incertidumbres que se abren a en la más absoluta actualidad», rezaba el acta del jurado. «Su trabajo, marcado por una huella ética, ha completado en los últimos años una visión del mundo en el que se podrá reconocer la señal explícita de una tradición escondida, profundamente asociada a la tierra y a la construcción se la vivencia» destacaba el jurado al repasar la obra de Gamoneda desde Descripción de la mentira (1977) a Cecilia (2004). Una obra que Gamoneda reunía en un único volumen aparecido hace dos años bajo el título de Esta luz en el sello Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Con casi 700 páginas, acoge la totalidad de la producción del exigente poeta leonés. Una obra en permanente revisión que Gamoneda teje y desteje como Penélope su tapiz y en la que se evidencia la singularidad, la hondura y el poder de la voz de este lobo estepario de nuestra poesía. Reescribió para la ocasión cuarenta poemas de juventud, sabedor de que «la tachadura crea el valor de un no saber» y de que «bajo la tachadura tendría que haber algo que desconozco y que conviene a la revelación». En 1987 recogió ya en Edad la mayoría de sus poemas publicados hasta entonces, junto a numerosos inéditos. Edad mereció el premio Nacional de Poesía en 1988.