Diario de León

Miles de personas desfilaron por la capilla ardiente y sus restos reposarán hoy en Chipiona

Se apagó la voz más grande

Rocío Jurado falleció a los 61 años en su casa de la Moraleja y rodeada de su familia, como quería

José Ortega Cano lloró amargamente en la capilla ardiente por la muerte de su mujer Rocío Jurado

José Ortega Cano lloró amargamente en la capilla ardiente por la muerte de su mujer Rocío Jurado

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M. Rodríguez/A. Redondo - madrid
León

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Se apagó la voz de la más grande. Casi dos años después de dramática lucha contra el cáncer, Rocío Jurado falleció ayer en su residencia de La Moraleja, rodeada de los suyos, deseo que había manifestado en diferentes ocasiones. La artista de Chipiona se mantenía desde hace días semiinconsciente, entró el miércoles en coma profundo, y familiares y amigos sabían que el final estaba cerca. Murió a las 5.15 horas acompañada por su esposo, el torero José Ortega Cano, y su hija Rocío, entre otros familiares. La capilla ardiente, visitada por miles de personas, quedó instalada a media mañana en el Centro Cultural de la Villa de Madrid -el mismo lugar donde hace 11 años se despidió a Lola Flores- y sus restos serán inhumados hoy en su localidad natal de Chipiona (Cádiz). España perdió a una gran estrella y ganó un mito. No por esperado, el fallecimiento de Rocío Jurado, de 61 años de edad, dejó de conmocionar a todos los estamentos del país, desde donde se sucedieron un sin fin de reacciones de pesar y dolor. Emisoras de radio y televisiones modificaron su programación desde primeras horas para informar sobre el triste acontecimiento. Algunas cadenas retransmitieron en directo durante horas lo que acontecía en la capilla ardiente. El Rey, en nombre de toda la Familia Real, envió un telegrama de pésame y habló por teléfono con José Ortega Cano para expresarle su pesar por la desaparición de la artista. El Jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, también transmitió por escrito sus condolencias a la familia, mientras la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, ensalzó la figura de Rocío Jurado «en la cultura popular del país» y el presidente del PP, Mariano Rajoy, expresó su tristeza por la pérdida de «una de las artistas más importantes que ha tenido España». «Murió tranquila, sin grandes angustias, y como ella quería, rodeada de su familia», dijo su hermano y representante, Amador Mohedano, que se ha convertido en portavoz de la familia durante toda la enfermedad de la cantante. Su esposo José Ortega Cano y la hija de la artista, Rocío Carrasco, vestidos de luto y con los rostros desencajados por el dolor y el agotamiento, abandonaron el domicilio familiar de La Moraleja junto a otros familiares a las 10.15 horas. La comitiva se dirigió hacia el Centro Cultural de la Villa donde, tras ser recibidos por el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, quedó instalada la capilla ardiente. Por el féretro, cubierto con las banderas de España y Andalucía, desfilaron a lo largo de la jornada miles de madrileños que quisieron dar su último adiós a la Chipionera. También lo hicieron decenas de rostros populares del mundo del espectáculo, la cultura, la comunicación, el deporte ó la política, lo que da idea de la trascendencia de la figura de la artista fallecida. A última hora de la tarde se anunció que el entierro en su localidad natal de Chipiona se había adelantado a mediodía. Con anterioridad se celebrará una misa funeral en el santuario de la Virgen de Regla, de la que era devota la cantante. El peor toro Desde que le sobrevino el cáncer, Rocío Jurado dio muestras de entereza y se mostró emocionada por las muestras de cariño recibidas por los suyos y de mucha gente de la calle. En todo momento estuvo apoyada por su marido, José Ortega Cano, que dijo enfrentarse a su «peor toro» con la enfermedad de su mujer. La pareja fue entrevistada a principios de enero de este año, por separado, en TVE, para el programa Jesús Quintero. Ortega Cano manifestó su profundo amor por la cantante y dijo no entender la vida sin ella. Por su parte, Rocío Jurado habló de la «soledad del quirófano» y recordó la frase que le dijo al médico que le atendió en Houston: «Si me quedo en la operación, ponerme una inyección de esas que reaniman aunque sea tres minutos para decirle adiós a mi gente, lo único que me importaba».

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