Los alumnos de Achúcarro y Aprea interpretarán obras de Mozart, Beethoven, Tchaikovsky y Liszt OPINIÓN | Entrevista | Margarita Moráis |
La Orquesta Sinfónica Iuventas cierra esta noche el tercer curso de Eutherpe Si tu me dices ven, lo dejo todo«Los alumnos que vienen aLeón son lo mejor del mundo»
Valero, Claure, Casals, Carbone, Patricelli, Petrova y Villaverde actuarán como directores y pianistas La d

Margarita Moráis, presidenta de la Fundación Eutherpe y auténtica artífice de estos cursos
La Orquesta Sinfónica Iuventas junto a varios alumnos clausuran esta noche, a las 20.30 horas, con un concierto en el Auditorio Ciudad de León el Curso Internacional de Piano y Dirección de Orquesta que organiza la Fundación Eutherpe. En esta tercera edición de un curso que los expertos han calificado ya de «extraordinario» y «único en el mundo», han participado un centenar de alumnos -todos ellos pianistas y directores de orquesta-, atraídos por la maestría del pianista español Joaquín Achúcarro, considerado uno de los mejores del mundo, así como el director de orquesta Bruno Aprea, director del Teatro de la Ópera de Palm Beach. Los alumnos Anna Petrova, Francisco Valero, Silvia Patricelli, Fabiana Claure, Pedro Casals, Paolo Carbone y William Villaverde, actuarán esta noche como directores y pianistas en el concierto que pondrá el broche a esta edición de Eutherpe. Se trata del segundo concierto de clausura, tras el celebrado el sábado en el Auditorio con idénticos protagonistas. En la primera parte del concierto de esta noche se escucharán obras de Mozart, Beethoeven, Tchaikovsky y Liszt. En concreto, de Mozart, el Concierto para piano y orquesta K. 271 en Mi bemol mayor Jeune homme , con Anna Petrova, (Bulgaria) como pianista y Francisco Valero (Valencia) y Silvia Patricelli (Roma) como directores de orquesta. De Beethoven interpretarán el Concierto para piano y orquesta nº 5 Op. 73 en Mi bemol mayor Emperador, con Fabiana Claure (Chicago) al piano y Pedro Casals (Madrid), dirigidos esta vez por Francisco Vallejo (Valencia). La segunda parte del concierto en el Auditorio Ciudad de León se abrirá con la conocida Obertura Romeo y Julieta, de Tchaikovsky, que estará dirigida por Paolo Carbone (Sicilia). Por último, seguirá el Concierto para piano y orquesta nº 1 en Mi bemol mayor, de Liszt, con William Villaverde (Cuba) al piano, y dirigidos por Paolo Carbone (Sicilia). Un buen punto y seguido para un curso que parece ya absolutamente consolidado. Lugar: Auditorio Ciudad de León. Hora: 20.30. Entrada: libre y gratuita. LA SEMANA pasada, durante un encuentro de asociaciones musicales celebrado en Madrid, la presidenta de una importante fundación se acercó a la mesa donde departían en animada charla varios popes de la música con la sana intención de interesarse por algo que, según ella, no le entraba en la cabeza: ¿qué pasaba con una fundación de León a la que cada año acuden pianistas como Alicia de la Rocha, Paul Badura Skoda, Joseph Colom, Joaquín Achúcarro, Guillermo González, Ana Guijarro, Javier Perianes, Joaquín Soriano, o directores como Bruno Aprea y, sin embargo, a la suya, una de las más importante del territorio nacional, sólo iban algunos de ellos y eso después de esperar años y hacerse mucho de rogar? Alguien de los allí presentes le espetó raudo: «Porque tú no eres Margarita Moráis, ella consigue lo que otros sueñan»; y sin decir más la intrigada/ante directora, dio media vuelta y se alejó hacia otra mesa en busca de más información. Es posible que el nombre de Margarita Moráis resulte desconocido para alguien ajeno a la música; lo dudo, especialmente, aquí en León, pero desde luego no sucede así cuando se menciona entre directores, pianistas y, sobre todo, estudiantes de piano de cualquier ciudad de España donde la música tenga su razón de ser. Para ellos, su nombre es sinónimo de eficacia, de trabajo, de ilusión y de una gran dosis de amor hacia algo a lo que ella ha entregado toda su vida: ayudar a los jóvenes a que triunfen en una carrera para la que hace más falta vocación que estudios, apoyos que consejos, obras que razones. Por eso, sus alumnos la adoran, sus maestros la admiran y sus colegas la envidian. Cuando se oye a músicos de la talla de un Aprea decir: «Cuando Margarita me llama allí, estoy y cancelo lo que haga falta para poder ir a los cursos de León», o a un Achúcarro que, después de nueve horas de trabajo sobre el piano con los alumnos y la orquesta, todavía tiene fuerzas para comentar: «No importan las horas, Margarita lo merece todo», eso sólo puede significar que además de vocación existe un cariño especial hacia ella. Cuando desde los rincones más apartados del globo llegan alumnos a León, y prestigiosos críticos especializados, directores, pianistas, orquestas, presidentes de fundaciones, medios de comunicación... ajustan sus calendarios para estar presentes en estos cursos, es porque hay algo por lo que realmente merece la pena moverse. Y ese es el milagro que Margarita Moráis ha conseguido en León: convertirla en ciudad modelo para la música y vergüenza de una institución como La Junta que le ha negado sistemáticamente el pan y el agua. Si hubiera que darle un calificativo a esta singular mujer sería el de «infatigable». Margarita Morais hace años que es conocida en el mundo del piano por su impagable labor de apoyo y ayuda a los jóvenes pianistas, pero su esfuerzo no queda ahí, sino que se vuelca año tras año en promocionar a nuestros músicos, a nuestros intérpretes, directores y a jóvenes orquestas como la Iuventas de este año, ofreciéndoles la oportunidad de estudiar en León con los mejores docentes. Su esfuerzo, respaldado por una fundación modélica que ha sabido captar inteligentemente la importancia de lo que sólo parecía un sueño, ha hecho posible un curso de piano y dirección único en los cinco continentes y que desde hace tres años no sería posible sin la generosa presencia del prestigioso director italiano Bruno Aprea y el venerado pianista Joaquín Achúcarro, a los que no sólo les ha ganado para su causa, sino que les ha convertido en sus mejores aliados. -¿Qué se siente cuando el trabajo de tantos años va tomando forma y concluye con unos alumnos tan brillantes que se los llevan a las mejores orquestas? -Ante todo una satisfacción sin límites. Pero una satisfacción por ellos, porque estos muchachos han trabajado muy duro, han sabido aprovechar las lecciones de dos grandísimos docentes y han visto premiados sus esfuerzos pudiendo tocar con orquestas de primera, tanto dentro como fuera de España. Esto para mi es suficiente. Conseguir que cada año y contra viento y marea, en lo que a subvenciones se refiere, pueda celebrarse un curso en León como éste, es no sólo un sueño que siempre he tenido, sino la confirmación de que de donde hay, siempre se puede obtener buenos resultados. Y desde luego los alumnos que están aquí son de lo mejorcito que anda por estos mundos de la interpretación. -¿Se puede decir que esta tercera edición es la que mayor nivel tiene? -Sin ninguna duda. Los pianistas son auténticos maestros muchos de ellos, con los que, en palabras de Joaquín, da gusto trabajar; y los directores, de un nivel contrastado, algunos de los cuales ya son asistentes en orquestas norteamericanas e italianas. -¿Qué significa tener como profesores a Achúcarro y Aprea? -Un sueño que se hizo realidad hace tres años y que, si Dios quiere, continuará en ediciones sucesivas. No es susceptible de expresar con palabras la labor tan agotadora de ocho y nueve horas diarias durante siete días que llevan estos maestros con los jóvenes músicos. Hay que verlo para creerlo. De hecho se trasladan de otros países y de otras fundaciones, asociaciones y cursos para ver la manera de trabajar con cada alumno que tienen estos dos grandes maestros. -¿Hacen algún seguimiento posterior a los jóvenes que pasan por los cursos? -Mantenemos un contacto muy familiar con todos ellos. Desde el primer momento forman parte de «nuestra familia», hasta tal punto que nos hacen partícipes de sus progresos y éxitos. Para nosotros esto es muy gratificante.