| Reportaje | En busca del «raigaño» |

Lo que la verdad esconde

Ana María García y Sofía Lera trabajan actualmente en la redacción del libro «El racimo de los Oteros», que ahonda en la historia de los siete pueblos que forman esta rica comarca

Publicado por
Miguel Ángel Nepomuceno - león
León

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¿Se imaginan a dos desenvueltas mujeres, ya no unas chavalas, recorriendo los polvorientos caminos de los Oteros, visitando iglesias, revolviendo archivos y catastros, charlando largas horas con los habitantes de una zona que ellas conocen muy bien pero en la que el silencio es sinónimo de cultura? Difícilmente. Pues bien, ellas son Ana María García, una experta veterana en esto de ahondar en busca de las huellas de la historia, el folclore y las tradiciones de los pueblos, pues no en vano ha escrito ya hace ocho años un importante trabajo que reza: Volver a las raíces y regresar al presente de un pueblo. Fuentes de los Oteros , que se lo quitaron de las manos nada más ver la luz; y su amiga de Valdesaz Sofía Lera González, que aún no había sentido en sus propias carnes ese gustillo por la investigación y que a base de charlar, estudiar, buscar y contagiarse del entusiasmo de su amiga, quiso seguir ese sinuoso sendero de la intrahistoria. Ahora, «casi sin darnos cuenta -dice esta última-, ya tenemos varios cientos de páginas mecanografiadas y dispuestas para que alguien al que le guste lo que escribimos nos las edite». Su amiga y compañera de fatigas en este proceloso campo de la investigación, Ana María, la mira con un deje de incredulidad y sonríe, tal vez recordando los muchos sinsabores que tuvo que pasar mientras escribía su ahora «incunable» libro, porque, excepto los vecinos de Fuentes, nadie creía en ella. Cuestión de aprendizaje «La verdad es que ahora las cosas son distintas -sentencia Ana María-. Ya tenemos experiencia en eso de andar por castastros y bibliotecas, en saber dónde tienes que buscar y no dar palos de ciego cuando lo que te interesa lo tienes delante y no lo sabes ver. Además, los vecinos de los siete pueblos que forman esta comarca de los Oteros ya nos conocen, saben que somos serias trabajando y se abren más a contarnos cosas, pero así y todo todavía hay mucho miedo ancestral a decir ciertas cosas. Nosotras lo comprendemos, pero también somos conscientes de que nos limita enormemente nuestra labor». Cuando la primera edición del libro de Ana María lleva ya agotada varios años, -la tirada no fue precisamente numerosa, 300 ejemplares- su segundo libro, ahora como coautora, está ya casi concluido a la espera de que las instituciones, en concreto la Diputación, acoja esta nueva iniciativa mucho mejor que lo hizo entonces, ya que a juzgar por el apoyo que están recibiendo de los vecinos, la tirada se multiplicará esta vez por diez con relación a la anterior. «Esperamos tenerlo listo en diciembre próximo -señala Sofía-, aunque todavía tenemos que recopilar más datos que hemos encontrado. No obstante, el corpus de la obra está prácticamente concluido». Su título será El racimo de los Oteros , dice ahora más segura Ana María, porque todos los pueblos de esta comarca forman eso, un racimo. «En esta ocasión -continúa- la tradición oral ha sido fundamental para el enriquecimiento del texto, pero también hemos sufrido muchos sinsabores por parte de algunos muy aferrados a sus silencios, a sus secretos.... Pero en general se han volcado con nosotras y los curas de todos los pueblos han sido los que más y mejor nos han recibido, poniendo a nuestra disposición todo el material recogido cuando lo había, porque en muchos de estos pueblos ha desaparecido o está fragmentado y medio destruido». «Ahora sólo pedimos un poco de apoyo por parte de las instituciones para que no ocurra lo que sucedió con el otro libro -dice Ana María-, que lo tuvieron que costear los propios vecinos de Fuentes a los que nunca les estaremos los suficientemente agradecidas». La tarde cae y los últimos rayos de sol se difuminan detrás de la mutilada iglesia de Fuentes de los Oteros, cuando Sofía Lera y Ana María García se despiden de nosotros, no sin antes recordarnos que quienes olvidan su historia «están condenados a repetirla». «Por eso, no deje de escribir que la historia de los pueblos es en definitiva la historia de León», avisan.

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