Esperando a Godot
VEINTE años llevan tratando de entenderse el Ayuntamiento y la empresa Elde y no lo han conseguido. El asunto: el último teatro de la capital. El 31 de este mes, si nadie lo remedia, el Emperador bajará definitivamente el telón. Parece que un grupo de amantes del cine está dispuesto a evitar la catástrofe. Planean programar cine de calidad en una ciudad en la que escasean ambas cosas -cines y buen cine-. La misión es loable. Sin embargo, no deja de ser lamentable que ni el propietario del teatro ni el Ayuntamiento -con las corporaciones y alcaldes que se han sucedido en dos décadas- hayan sido capaces de salvar un edificio emblemático. La Elde lleva muchos años sin invertir un euro en un teatro que se cae a cachos. El Ayuntamiento ha ido improvisando aquí y allá la programación cultural por falta de infraestructuras idóneas y encajándola de aquélla manera en el Auditorio. ¿Para qué rayos compró el cine Abella? Tampoco el Ayuntamiento tiene un espacio idóneo para la Feria Leer León, con la que pretende ser referente mundial. Hasta Viggo Mortensen pidió que no se dejase morir el Emperador, que ayer colocó el nombre de este actor en la silla en la que presenció el estreno de Alastriste . En algunos círculos se habla de alguien muy importante que podría estar interesado en este teatro. Crucemos los dedos y esperemos a Godot...