En los próximos días se realizará una inspección a fondo del tejado
La caída de una piedra de diez kilos de San Isidoro fue «inevitable»
El accidente, según el informe del arquitecto conservador, se debió a la lluvia y a la mala calidad del pináculo
Fue inevitable. El desprendimiento de una piedra de diez kilos del tejado de San Isidoro, que se precipitó a la calle Sacramento en hora punta el pasado miércoles, se produjo por un cúmulo de circuntancias imprevisibles. Según Ramón Cañas, arquitecto conservador de la basílica, el desplome del pesado bloque de piedra que remataba un pináculo pudo deberse a las intensas lluvias registradas a principios de mes, al enraizamiento de una planta, que pudo fracturar la piedra, así como a la vejez del soporte del pináculo, en el que se utilizó piedra de no muy buena calidad. Incluso la culpable pudo ser un ave, una paloma o una cigüeña, cuyos exrementos son abrasivos y provocan daños en un monumento en el que se utilizaron materiales «de cierta economía» -piedra de dudosa calidad-. Estas son las primeras conclusiones del citado técnico, que pretende efectuar una inspección a fondo en los próximos días junto a responsables de la empresa que llevó a cabo la restauración de las cubiertas de la colegiata hace cinco años, coincidiendo con la exposición Tesoro sagrado, en la que se pudieron reunir las joyas que Fernando y Sancha legaron a San Isidoro, dispersas hoy por varios museos del mundo. Movimientos sísmicos Cañas tampoco descarta entre las causas del siniestro la existencia de fracturas no visibles en la estructura de la basílica, como consecuencia de terremotos de baja intensidad, como defiende el concejal Alejandro Valderas, quien hace dos años averiguó que la caída de piedras de monumentos emblemáticos en León coincidió con una época en la que se registraron hasta 90 movimientos sísmicos. Además, San Isidoro está construido sobre una falla tectónica. En cualquier caso, según el arquitecto conservador, se trata de un hecho «puramente accidental». «Es algo puntual, que ocurre de decenio en decenio», añadió el arquitecto. Ciertamente, en los años sesenta, una piedra que cayó prácticamente en el mismo lugar que la del pasado miércoles mató a una estudiante. En este último accidente faltaban algunos minutos para la salida de los alumnos de los colegios próximos -el Leonés y el instituto Legio VII-, quienes para acceder al centro de la ciudad han de pasar, precisamente, por la calle Sacramento.