Diario de León

El octogenario cineasta había recibido este año el Oscar de Honor

Muere Robert Altman, conciencia crítica del cine norteamericano

«A Prairie Home Companion» fue la última película del autor de «M.A.S.H.» y «Vidas cruzadas» Cultivó todos los géneros y

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Chusa L. Monjas - madrid
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Con una larga carrera a sus espaldas y una sólida fama de irónico y errático, el director norteamericano Rober Altman falleció el lunes, a los 81 años, en un hospital de Los Ángeles. Realizador independiente mucho antes de que se acuñara el término, el autor del mítico y antimilitarista M.A.S.H. , de Nashville , El juego de Hollywood y Vidas cruzadas , fue una de las voces más críticas del cine de su país. Sin duda forma parte del selecto grupo de maestros del cine contemporáneo que, críticas al margen, siempre aportan algo propio, original y nuevo a lo que hacen. Nominado en cinco ocasiones, el veterano realizador fue reconocido por Hollywood este mismo año, cuando recibió de manos de las actrices Meryl Streep y Lily Tomlin el Oscar de honor, el primero a una carrera en la que figuran 86 películas -la última, A Praire Home Companion , que se presentó en el pasado Festival de Berlín-, 37 guiones y 39 proyectos como productor. Cuando recogió la estatuilla dorada desveló que hace diez años le habían realizado un transplante de corazón, algo que llevó en secreto porque quería seguir haciendo cine. «Sé que era el corazón de una mujer de 30 años», afirmó el viejo Altman. El portavoz de su productora no ha precisado las causas de su fallecimiento. Contra viento y marea Siempre en forma, el cineasta se impuso a los vaivenes de la moda, los dictámenes de los estudios de Hollywood y la precariedad económica con que levantó algunos de sus filmes. De él siempre se ha destacado esa mirada que «mantiene fija e irreverente sobre los valores tradicionales norteamericanos». Superviviente también de los azotes de la crítica, que no siempre le trató bien, este singular director, productor y guionista nació y se crió en Kansas City, a ritmo de jazz. Debutó como director en 1957 con The Delinquents , un drama sobre pandillas juveniles al que siguió un montaje consagrado a la figura de James Dean, que fue su tarjeta de presentación. Antes, el futuro director se había formado con los jesuitas y había hecho su primera incursión en el mundo del espectáculo como guionista y productor de documentales, unos antecedentes que influyeron en su obra posterior. La televisión y el teatro también formaron parte de la agenda de este creador que en su larga pelea con la gran industria de Hollywood aceptó un autoexilio en la capital francesa a comienzos de los años ochenta. Duró poco, porque sabía muy bien que su sitio estaba en Estados Unidos.

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