Escritores como Arrabal, Jean Genet, Cela, Umberto Eco o Darío Fo integran esta corriente
Un cineasta leonés rueda la primera película europea sobre patafísicos La bicicleta de Alfred Jarry
Nacho Abad logra entrar en una de las sociedades literarias más importantes y secretas del mundo

Nacho Abad (a la izquierda» en un momento del rodaje con Fernando Arrabal en París
Al revés de lo que ocurre en países como Francia, Italia o Gran Bretaña, en España el movimiento literario conocido con el nombre de Patafísica resulta extremadamente desconocido. Al contrario de lo que sucedió con el dadaísmo, por poner un ejemplo, se cree que esta corriente es minoritaria o, cuanto menos, propia de una serie de escritores que la abanderan como una forma de provocación fácil y estéril. Nada más lejos de la realidad. Autores como Fernando Arrabal, Alfred Jarry, Braudillard, Umberto Eco, Cortázaro Borges formaron parte de este club. Pero ¿Cómo puede definirse la Patafísica? Según Nacho Abad es la ciencia de las excepciones, es el intento de desarrollar un discurso poético a partir de la contradicción, una parodia de los métodos utilizados por la ciencia moderna y que, por lo general, se expresa a través del sinsentido. El cineasta y escritor leonés Ignacio Abad se ha convertido en la primera persona ajena a esta sociedad cultural que es capaz de aventurarse en su interior para desgranar las peculiaridades de sus miembros, desvelar sus secretos y divulgar entre el gran público cómo conciben estos autores su pertenencia a la Patafísica. «La mayoría, cuando les hablas de esta corriente, piensa que les tomas el pelo, lo consideran un chiste debido al desconocimiento. El mismo Cela, que era un sátrapa (máximo nivel que un patafísico puede alcanzar) nunca se lo tomó demasiado en serio», destaca. Presencia en los libros Uno de sus mayores defensores es Umberto Eco, que introduce elementos de la Patafísica en la mayoría de sus novelas. Es el caso de La isla del día antes , parábola sobre la incertidumbre y la necesidad de encontrar respuestas. Este pensamiento también está presente en su obra más conocida, El nombre de la Rosa , en la que desarrolla un juego mental a partir de la idea aristotélica de la risa. Humor y horror se entremezclan en esta novela (contradicción de nuevo) Ignacio Abad comenzó a trabajar en esta película el año pasado, después de que el propio Fernando Arrabal accediera a introducirle en esta sociedad. «Comencé a estudiar toda la documentación que me envió Fernando (Arrabal) y asistí al congreso que se celebró en Italia. El director leonés ya ha entrevistado al autor de La torre herida por el rayo , y en breve lo hará al resto del «sanedrín» que componen el sancta santorum de este club: Umbero Eco, Darío Fo y Jean Baudrillard. Además, Abad ha conseguido adentrarse en los principales institutos internacionales sobre Patafísica y acceder a sus publicaciones (secretas para el público). «Mi principal motivación es la divulgación; hacer comprender al gran público lo que supone ser un patafísico, en qué consiste en realidad esta corriente filosófica y lograr que en España se valore en su justa medida», especifica el cineasta, que espera tener resueltas todas las entrevistas en el 2007. «El único problema al que tengo que enfrentarme es la ausencia de fondos. Se trata de una película difícil de producir y excesivamente cara por la cantidad de viajes que hay que realizar para entrevistar a los principales escritores», lamenta. La Patafísica surgió en el siglo XIX, cuando Albert Jarry publicó su artículo Guignol , en el que definía la Patafísica como la ciencia de las soluciones imaginarias que atribuye simbólicamente a los lineamientos las propiedades de los objetos descritos por su virtualidad. Autores franceses como Raymond Queneau, Jean Genet, Boris Vian y Jean Ferry se han descrito a sí mismos como seguidores de la tradición patafísica. Aunque Francia ha sido siempre la capital de esta corriente, la Patafísica ha influido a autores de diversos países en todo el mundo. En 1966 a Juan Esteban Fassio se le encargó diseñar el mapa del Colegio de patafísica y de sus institutos. En 1950, Buenos Aires y Milán se convirtieron en las primeras ciudades en albergar estas instituciones. London, Edimburgo, Budapest, y Lieja-así como muchas otras ciudades europeas- se unieron a este club en los sesenta. En los años 70 Alemania, Suecia, Suiza, Canadá y Holanda demostraron que la internacionalización de los patafísicos era ya irreversible. Quizás, la mención más famosa que existe de esta corriente sigue siendo la que los Beatles realizaron en su canción Maxwell's Silver Hammer : «Joan era extravagante y estudia ciencia patafísica en casa. Hasta altas horas de la noche, solita con su probeta oh oh oh oh...» El congreso de patafísicos celebrado en Italia presentó la construcción de la bicicleta de Jarry, ingenio que no podía avanzar más de dos metros, y que se considera ejemplo de la filosofía patafísica: la consideración de las leyes generales de la física como un conjunto de excepciones no excepcionales, y, en consecuencia, sin ningún interés. La bicicleta no puede avanzar más de doz metros. 1396927554