Buena actuación de Andy Cartagena, que también salió a hombros, y aseada de Ribeiro Telles

Recuperado y arrollador Hermoso

El rejoneador portugués Antonio Ribeiro Telles

León

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Lor aliReapareció ayer en León Pablo Hermoso de Mendoza, después de una larga recuperación de la fractura de pierna sufrida en Osuna, y triunfó una vez más a lo grande. Salió el estellés con hambre de toro, tanto que en su primer enemigo hasta dio la impresión de andar algo acelerado; pero desde luego en el gran momento del que parece disfrutar siempre este rejoneador privilegiado. No ha perdido el sitio con el parón, ni él ni su espectacular cuadra, que se presenta al público anunciando cada caballo con el cartel de su nombre. Son, desde luego, monturas singulares. Lo son también las de Andy Cartagena, a la vez joven y consumado torero a caballo, que mantiene el tono vibrante y cercano al público de sus inicios pero con un toreo mucho más reposado y de calidad. Gran actuación también. Los dos se fueron por la puerta grande mientras el portugués Antonio Ribeiro Telles lo hizo a pie, despedido con palmas. Su toreo clásico no llegó con tanta fuerza como el de sus compañeros al tendido, aunque también es verdad que clavó unas veces con más ajuste que otras. Buena tarde de toros y buena entrada para despedir una feria que, un año más, ha sido generosa en trofeos. Quizá demasiado. Sólo se le resistió ayer la cuarta oreja a Cartagena. La vuelta a los ruedos de Hermoso de Mendoza fue recibida ya con una gran ovación por el público leonés. También la primera aparición de Rondeño, uno de los hijos de Cagancho en el que más esperanzas tiene puestas el estellés. Enceló la huidiza embestida del toro en el centro del ruedo, llevándolo en vueltas y revueltas con temple y mando. Colocó banderillas con Chenel y Fusilero, con el primero llevando al astado prendido en la grupa y cabalgando a dos pistas para colocar un par al quiebro y otros de dentro afuera templadísimos. Fueron muy ovacionados los cambios pasando ajustado entre el toro y las tablas. Con Fusilero clavó siempre arriba, con el mérito de mantener durante la parte central de la faena al toro en los medios, haciéndole olvidar su querencia inicial. Impecable la ejecución de las suertes. Remató en el último tercio con Sármata, un tordo rodao que se deja llegar muy cerca de los toros, con el que colocó banderillas cortas y levantó al público de los asientos ejecutando el teléfono. Cortó las dos orejas y saboreó con despaciosidad la triunfal vuelta al ruedo, reencontrándose con una afición que tiene siempre rendida. Al quinto lo recibió con Chabola, que poco pudo lucirse con los rejones de castigo ante un toro que husmeaba siempre lo que había detrás de la barrera. Se adornó de nuevo con Rondeño, dándole la grupa al del Castilblanco y haciendo de la cola un capote que dejaba en la cara del toro. Clavó de frente, quebrando con suavidad,¿ Pero el toro anduvo siempre desentendido de caballo y caballero y deslució la faena. Sacó luego a Silveti, un caballo de enorme expresividad, que se recrea en la suerte y llega enseguida al público. Fue especialmente aplaudido cuando encaró al toro de cerca, yéndose hacia atrás para atacar de frente, sin perderle nunca la cara al astado. Volvió a sacar a Sármata para poner las cortas, que dejó arriba con certeza; especialmente en un par a dos manos enrabietado por la sosería del oponente. Clavó muy cerrado en tablas y pasó por los adentros por donde parecía imposible. Imparable Hermoso. También tuvo una gran actuación Andy Cartagena en su primer enemigo, porque el sexto, el más remiso de un manso encierro, le dio pocas opciones al lucimiento. El tercero pareció más alegre ya de salida, se fue tras los capotes y tras la grupa de Brujo, y permitió realizar quiebros espectaculares en banderillas con Magno, un espectacular tordo que reta al toro sin perderle la cara y dejándose llegar mucho, incluso cabalgando a dos pistas. Con Manili intentó de nuevo el quiebro en los medios, y resolvió con inteligencia sobre la marcha con una banderilla al violín al no moverse el astado. Repitió dos veces más en vista del éxito. Con Pain colocó cortas y pares a dos manos antes de rematar con el rejón de muerte y animar al público a pedir la oreja con alardes de monta mientras las mulillas preparaban el arrastre. Al sexto le arrancó una oreja tras pelearse con un manso de libro, que hizo necesaria la presencia permanente de los subalternos. Arriesgó y algunos de sus caballos fueron alcanzados en algún arreón del manso, trató de provocar la embestida una y otra vez con Fandi y clavó con precisión y arriba con Opus. Sacó a Cisne para colocar las cortas, con gran mérito porque el toro apretaba hacia la querencia. La monta clásica y menos espectacular de Ribeiro Telles hizo que conectara menos con el público, aunque tuvo dos actuaciones serias y pulcras. Porfió con el manso primero y aprovechó al sosito cuarto. Elegante en la monta, colocó algún par con más entrega, aunque también hubo banderillas clavadas a la grupa. Dejó las banderillas arriba y con acierto, pero se fue de vacío de una tarde, otra más, triunfal en El Parque.

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