| Reportaje | Música al raso |

Orquesta de una noche de verano

Miembros de conocidas formaciones leonesas como San Francisco o San Marcos afirman que, a pesar de que no les falta el trabajo, sienten que el público «no lo valora como antes»

Marcos ha participado en conciertos, programas y grandes eventos culturales

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Laura Bueno - león
León

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A pesar de lo que muchos piensan, las orquestas no son sólo para el verano, como pasaba antes con las bicicletas. Buen ejemplo de esta máxima es Avelino Martínez, Cholo , como le conocen sus amigos, quien se dedica a la música desde hace nada menos que 35 años y siempre la ha sentido como su gran pasión. Empezó a cantar y a tocar la guitarra desde pequeño en un bar que tenían sus padres, y de esa manera surgió su afición. Después, formó un grupo de recordado nombre, Cholo y Alquitrán, que años más tarde se separó. Entonces este cantante comenzó a tocar en bodas, bautizos, fiestas y bailes hasta crear la orquesta San Marcos hace ya siete años. Y desde entonces no ha parado de trabajar. Reconoce que ahora hay «más trabajo» que cuando él empezó en este mundo. «Los pueblos ya no quieren grandes orquestas espectáculos porque ya nadie presta atención a la música, prefieren grupos más pequeños como la San Marcos», desvela Cholo. Durante el invierno es distinto. Tocan en salas, bailes, fiestas concretas como Nochevieja, la Noche de Reyes o carnaval. Pero no se puede vivir de la orquesta y todos sus componentes tienen otro trabajo. «Con lo que nos pagan en invierno nos da para la gasolina y para cenar. Por eso nosotros preferimos tocar en pueblos cercanos a León. Así por lo menos nos ahorramos el viaje» asegura. Desde que comenzó a cantar, el panorama musical español ha cambiado mucho. Los cantantes que consiguen grabar un disco vienen de programas de televisión con discográficas y representantes. «La gente sólo quiere escuchar música comercial. Yo intento cambiar en cada concierto el repertorio para que el público no se aburra. Tenemos unas 200 canciones para elegir. El problema es que la gente está saturada de escuchar la misma música». Mucho tiempo y esfuerzo Para preparar el espectáculo necesitan mucho tiempo. Los músicos llegan a los pueblos cuatro horas antes para montar el escenario y dejar a punto luces y sonido. En muchas orquestas son los propios músicos los que hacen este trabajo. Un concierto suele durar unas cinco horas y cuando acaba se necesitan dos más para recoger. «Trabajamos muy duro y mucho tiempo, y me duele que el público no lo aprecia. Antes era diferente. En las fiestas de los pueblos lo más importante era la orquesta y cuando empezábamos a tocar todos venían a vernos, incluso de los pueblos cercanos. Ahora no, sólo estamos para hacer ruido mientras la gente se pasa la noche en la barra. Y cuando estamos terminando la actuación es cuando nos hacen caso. No valoran las orquestas como antes» se lamenta. Pero también confiesa que el sacrificio merece la pena: «Me dedico a la música porque me gusta, no es mi trabajo. Y en una orquesta el espectáculo es muy intenso. Siempre estamos en contacto con el público y eso es lo que más me gusta».

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