Diario de León

EL INVENTO DEL MALIGNO | Con detalle | La entrega incluirá desde Massiel hasta la muerte de Franco

Perfectos «Cuéntame» recreará el año 1975 en su nueva temporada

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JOSÉ JAVIER ESPARZA Alicia Hernández - madrid
León

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Seguramente hay que evaluar como una buena noticia el hecho de que esté siendo un fracaso morrocotudo Nadie es perfecto , ese reality de Telecinco que opone a guapos-tontos contra listos-feos. El programa consiste esencialmente en exhibir carencias y hacer unas cuantas risas a costa de la estupidez de los guapos y de la torpeza de los listos, de manera que es imposible encontrarle algún lado positivo, por más que Jesús Vázquez se esfuerza en teñirlo de «buen rollito». Por cierto: este Jesús Vázquez, ¿en qué lado se pondría? No es por fastidiar, pero tal vez un recurso de ese género aumentaría la audiencia del programa, auque sólo fuera por la expectativa de lo insospechado. La audiencia es la clave de todo el problema: un programa de este tipo se concibe con la exclusiva finalidad de atraer espectadores; si en vez de atraerlos, los repele, entonces podemos hablar de descalabro mayúsculo. Y eso es lo que le sucede a Nadie es perfecto , que va ya por el 14,6% y no para de bajar; suerte tendrá si logra engancharse al millón y medio de espectadores para salvar la ruina. Televisivamente hablando es, desde luego, la noticia del verano (lo del Tour ya no es televisión: es crónica de sucesos), porque Telecinco había confiado a este programa la dirección de las vacaciones y se está encontrando con que nadie entra en la tienda. La pregunta es por qué, y la respuesta es, probablemente, porque hay un error de enfoque. El público español no es precisamente la Academia de Atenas, así que hay descartar la posibilidad de que Nadie es perfecto haya suscitado una airada reacción de dignidad intelectual. Más bien debemos pensar que este reality enfoca las cosas de tal manera que ningún espectador queda satisfecho. Uno puede acercarse a Nadie es perfecto para ver cuerpos bonitos -en el lado de los guapos-, pero se hace un poco difícil mantener la fruición cuando compruebas que, al poco de aparecer en pantalla, tus objetos de deseo van manifestándose como cretinos profundos. La objeción simétrica vale para el lado opuesto, el de los listos: hay un evidente goce de la inteligencia en ver cómo un cerebro bien amueblado se impone sobre unas cuantas cabezas huecas, pero, Dios mío, qué horribles carnes flácidas, que torpeza infinita y, además, qué poco sentido del ridículo, es decir, de la dignidad. Estas cosas nunca quedan impunes, y tampoco pasan por el ánimo del espectador sin dejar una huella desagradable y hasta amarga. Si resulta que ser bello es algo que se paga con trozos de cerebro, y ser listo exige sacrificar cualquier belleza, ¿qué sentido tiene la vida? Frente al clásico «mens sana in corpore sano», Nadie es perfecto nos propone una disyuntiva abominable. ¿Cómo no salir corriendo? Las últimas sentencias de muerte firmadas en el franquismo, la Marcha Verde, la coronación de Juan Carlos I o la proclamación del Año Internacional de la Mujer por la ONU son algunos de los grandes acontecimientos a los que se enfrentarán los Alcántara en la novena temporada de Cuéntame cómo pasó , serie que se rueda estos días. Este será el contexto en que se inscribirán las circunstancias de la familia madrileña en una etapa que se promete intensa. «1975 es el año que teníamos todos en la cabeza, la meta, la muerte de Franco -dijo Imanol Arias-, aunque para nuestra sorpresa pasaron más cosas, fue una época muy dinámica». El veterano actor no quiso «destripar ninguna trama nueva por respeto a los espectadores», pero sí adelantó que serán unos capítulos donde la familia se compromete con los hechos históricos que la rodean. «Merche crecerá mucho, movida por la necesidad de ser igual que Antonio», desveló Ana Duato. Se superará a sí misma, cumplirá sueños que antes no estaban al alcance de todas las mujeres casadas y luchará por tener «su propio apartado». El matrimonio sufrirá el rebufo de la crisis que pasaron la temporada anterior, pero ahora «están al mismo nivel, comparten todo y las discusiones son distintas», afirmó la actriz valenciana. Nuevos avatares que vienen con la edad y la experiencia que les ayuda a superar la conversión de Carlitos (Ricardo Gómez) de niño a «adolescente, con las mismas tendencias que Toni», adelantaron. Y es que el benjamín de los Alcántara «deja un poco de lado a las chicas y se interesa más por la política», comentó el joven actor. Lee más libros, quiere cambiar las injusticias del mundo y protesta, pero «es menos peligroso», dice su padre en la ficción. Padres que pronto serán abuelos gracias a su hija Inés (Irene Visedo), que en el último capítulo se fue a Francia, perseguida por la Justicia. Ante la muerte del dictador no se sabe bien si los Alcántara pertenecen al grupo de aquellas familias que se acercaron a la cola del Palacio de Oriente o se quedaron en casa. «No queda muy definido ese asunto; que cada espectador saque sus propias conclusiones». Para la nueva temporada contarán con nuevas incorporaciones. Entre otros se suman al reparto de actrices Blanca Portillo, que interpretará a Begoña San Martín, una profesora universitaria radical y feminista. También debutan dos directores: José María Caro y Azucena Rodríguez, que se unen a los veteranos de la serie. Todos se aferran a la serie como un amuleto de buena suerte que guió sus vidas durante 6 años.

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