Es una obra que pertenece a la etapa de madurez del maestro sevillano
Las Edades restaura una pintura que resulta un auténtico Murillo
La eliminación de repintes deja claro que el cuadro de la Inmaculada es del gran artista barroco

Un visitante contempla «La Inmaculada» de Murillo
La restauración de una Inmaculada, a cargo de la Fundación Las Edades del Hombre y presentada ayer en su sede del monasterio de San Bernardo (Valladolid), ha confirmado al pintor Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) como autor de ese cuadro, ya en su etapa de madurez. La eliminación de barnices, óxidos y repintes ha descubierto unos colores más claros, así como unas pinceladas más suaves, lo cual certifica a Murillo como responsable directo de una pintura cuya autoría se dudaba hasta la fecha bien en favor de imitadores, bien de algunos de los discípulos de su taller. «La calidad que ha dejado la restauración, con una ligereza en el trazo de la pintura y un colorido más claro, es de idéntica característica a otras Inmaculadas pintadas por Murillo», dijo a los periodistas el historiador del arte Enrique Martín, quien junto a José María Vicente ha dirigido el remozado del lienzo. Desde el pasado mes de enero, el taller de restauración de Las Edades del Hombre ha limpiado, tratado y repuesto desprendimientos, dentro de «una labor lenta», una Inmaculada de grandes proporciones perteneciente a la diócesis de Cádiz y que habitualmente se conserva en el retablo mayor del oratorio de la iglesia de San Felipe Neri, donde en 1812 se proclamó la Constitución de Cádiz. Pertenece a su etapa de madurez, fue pintada entre 1665 y 1670, y representa a la Virgen en actitud de oración, con un rostro levemente inclinado, la mirada al cielo y una corte de angelitos o amorcillos que en su derredor portan símbolos marianos como palmas y lirios, y dos de ellos sostienen una corona estrellada. La limpieza, en la que se ha empleado una técnica química, ha dejado al descubierto, en la parte inferior y derecha del lienzo, una firma posterior y no debida al pintor sevillano (BE Murillo), añadió el historiador antes de la presentación pública del lienzo una vez restaurado. Ha sido instalado en el refectorio del cenobio cisterciense de Santa María de Valbuena, en San Bernardo (Valladolid).