| Reportaje | El hijo del panadero |

La lírica llora al «Big Luciano»

El gran tenor italiano, además de ser considerado como una de las mejores voces junto a Carusso y Callas, tuvo el mérito de llevar el mundo de la ópera al gran público

Pavarottí el día que contrajo segundas nupcias en el 2003 con su secretaria, Nicoletta Mantovani

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Juan Lara - roma
León

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Italia llora a Luciano Pavarotti, el tenor que llevó la lírica al pueblo. Pavarotti murió alrededor de las cinco de la mañana de ayer en su villa de Santa María de Mugnano, en las afueras de la ciudad de la región de Emilia-Romagna. Hasta el último minuto, el tenor luchó contra el cáncer «con una actitud positiva», según aseguró su representante, Terri Robson, en el comunicado en el que anunció la muerte. «El maestro ha combatido una dura batalla contra el cáncer de páncreas que al final le ha quitado la vida. Hasta el último momento de su vida mantuvo la actitud positiva que caracterizó su vida y su trabajo», manifestó Robson. En el momento de la muerte, estaban a su lado su esposa, Nicoletta Mantovani, las hijas Lorenza, Cristina y Giuliana (nacidas de su primer matrimonio con Adua Veroni) y la pequeña Alice, de cuatro años, fruto de su unión con Nicoletta. También estaba su hermana Gabriella, sobrinos y un reducido grupo de amigos, según precisó Robson. Pavarotti estuvo siempre «muy sereno», consciente de la situación e intentando luchar contra la enfermedad, según afirmó el médico oncólogo Antonio Frasssolati, que le atendió durante los últimos días, poco después de que se conociera el fallecimiento. El médico dijo que lo que más le había impresionado del tenor había sido «su carácter, su deseo de vivir, de estar siempre presente en todas las decisiones». Nada más conocerse el fallecimiento, las televisiones y radios italianas comenzaron a difundir la triste noticia, con el fondo de su voz y las arias y óperas que le llevaron a la cúpula de la lírica. El alcalde de Módena, Giorgio Pighi, fue el primero en expresar la tristeza, a la vez que anunció que propondrá que su famoso Teatro Comunale sea dedicado al «Big Luciano», como era conocido el tenor. Según sus familiares y amigos, nunca perdió el buen humor. El mundo de la política y del espectáculo se unieron ayer para recordar a Pavarotti, comenzando por el presidente del Gobierno italiano, Romano Prodi, que afirmó que uno de los grandes méritos del tenor fue «haber llevado por el mundo la imagen artística más auténtica del país, suscitando emociones y divulgando pasión y cultura». Origen humilde Hijo de un panadero amante de la ópera y asiduo miembro de una coral local, Luciano comenzó en el ámbito musical dentro del coro del Teatro de la Comunna en su ciudad natal y en la Coral Gioacchino Rossini. En 1955 empezó a dar clases de canto con Arrigo Polo y Ettore Campogalliani, y antes de dedicarse profesionalmente a la ópera se licenció en Magisterio y trabajó en la enseñanza durante doce años. Debutó el 29 de abril de 1961 en el Teatro Reggio Emilia, con el Rodolfo de La bohème , de Puccini, y, fuera de Italia, en Dublín, con el duque de Mantua de Rigoletto , y dos años después actuó en Amsterdam, Viena, Zurich y Londres hasta recalar en La Scala de Milán con motivo del centenario de Arturo Toscanini. En 1965 enfocó su carrera hacia el belcantismo y formó dúo con la soprano australiana Joan Sutherland, a la que conoció en Dublín, para interpretar obras de Bellini y Donizetti en EEUU. En 1966 se consolidó internacionalmente en el Teatro Covent Garden de Londres, donde le fue concedido el título de «rey de la octava do» y «rey del do agudo» y, seis años más tarde, se consagraba definitivamente en la Metropolitan Opera House de Nueva York.

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