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Pintando el alma de España

La galería de arte Ármaga presenta una exposición del genial pintor Manuel Viola, uno de los integrantes del grupo artístico El Paso, del que formó parte Antonio Saura

La hija del artista, Kuki Viola, ante uno de los lienzos que pueden verse en Ármaga

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Marcelino Cuevas - león
León

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La pintura de Manuel Viola es un incontenible estallido de color sobre fondo negro, como representación quizá del alma de España, tenebrosa y brillante a la vez. Este aragonés genial, que intentó recoger de alguna manera el testigo de Francisco de Goya, pasó por el siglo XX como un torbellino, viviendo una existencia que bien pudiera servir de inspiración a una novela o una película. Manuel Viola ha sido un artista controvertido, que siempre ha levantado pasiones, incluso después de su fallecimiento en 1987. Legó el pintor una importante serie de cuadros a su familia, a su viuda, recientemente desaparecida, y a su hija, Kuky Viola, que acompaña a las obras de su padre en la exposición que estos días presenta en León la galería de arte Ármaga. «Recuerdo a mi padre -dice- como un hombre muy activo, muy vivo, con mucha fuerza, que ponía gran empeño e ilusión en todo lo que hacía, al que gustaba emprender cosas, enseñar¿ enseñaba muchísimo a los demás». Explica Kuky Viola que a su padre no se le ha hecho justicia, que merece un puesto más relevante en la historia del arte contemporáneo español. «Creo que a mi padre no se le recuerda como merece, pienso que no está en el sitio al que por su obra se hizo acreedor, pero confió en que algún día llegue a estarlo». Para aquellos que no tuvieron la oportunidad de ver las exposiciones que el artista realizó en León en la década de los ochenta del pasado siglo, esta es una gran oportunidad de conocer la obra de uno de los referentes de la pintura española contemporánea. «Era un artista que no entraba dentro de la norma -comenta su hija- y creo que era un hombre genial». Manuel Viola, nacido en Zaragoza, al lado mismo de la Basílica del Pilar, en 1916, alcanzó notoriedad en París de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, donde mantuvo amistad con importantes artistas, como Francis Picabía o Pablo Picasso, consiguiendo una proyección importante en los años sesenta. Durante la Guerra Civil española se alistó como voluntario en el bando republicano, combatiendo en el frente de Aragón y en Mallorca. Derrotado el ejército constitucional se marchó a Francia, estuvo en un campo de concentración y vivió todo tipo de aventuras y peligros. Manuel Viola entró en el mundo de las artes como poeta y hasta 1941 no se iniciaría como pintor. Un momento importante en su carera fue la fundación del grupo El Paso, en el año 1958, en el que figuran, entre otros, dos importantes pintores aragoneses, Antonio Saura y Pablo Serrano. Un año antes había causado gran revuelo su cuadro La Saeta, donde el artista puso de manifiesto toda la fuerza de su expresionismo informalista. Una de las series más populares dentro de la obra del pintor aragonés es la dedicada a las Peleas de Gallos, en la que el color se manifiesta en arreboladas superficies, anunciando su llegada a la abstracción, estilo que un crítico definió como «una especial recreación barroca del tenebrismo hispano». Las pinceladas de Viola, como asegura Javier Hernando, son auténticos signos de furia. Recordamos una aparición suya en el documental No-Do , en el que pintaba con largos pinceles en forma de floretes como si entablase un auténtico duelo con el lienzo, mostrando toda la intensidad que pretendía dar al gesto de su pincelada. Decía entonces «En pintura nadie es hijo de padre desconocido» y reivindicaba la influencia que Goya tenía en su pintura. Viola fue un pintor genial con espíritu surrealista que creía que «mostrar los tejidos internos del alma, es el objetivo final del arte». Hora: De 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00. Lugar: Alfonso V, 6.

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