VIDA FAMILIAR
Inquieto por la suerte de su hijo, llamado a filas

La vida cotidiana de Enrique González Luaces también sale a relucir en estos cuatro cuadernos. En el primero de ellos relata su nombramiento como alcalde de León o Delegado militar , como él mismo se denomina más adelante. Nombra a varias personas que le ayudaron y que se ofrecieron voluntarias para paliar el caos que al principio creó la guerra en la capital, como Máximo Echegaray o Luis Fábregas. Opina sobre el célebre discurso de Astray en Salamanca, la destitución de Unamuno, la estatua de Franco en Ferrol... También recuerda los primeros años de la guerra y habla «de los republicanos fusilados que se habían hecho fuertes en el Gobierno Civil»; así como de «la toma de la ciudad por los mineros y la entrega de armas al pueblo». Pero sobre todo le preocupa la suerte de su hijo en pleno Frente Norte y la ficha policial que le han abierto («no sé la razón», confiesa). Una persecución que le acabaría llevando al paredón. Como a tantos otros.