Diario de León

El autor de esta pieza aniquilada por un conductor afirma que «es imposible restaurarla»

El caso de la «Vieja negrilla» revela el abandono de las estatuas de León

Muchas esculturas sufren amputaciones , están pintadas o, simplemente, han desaparecido

Momento en el que los técnicos se llevan la escultura | DL

Momento en el que los técnicos se llevan la escultura | DL

Verónica Viñas
León

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La Vieja negrilla ya no existe. Convertida en cascotes, después de que un conductor bebido estrellase contra ella su furgoneta el pasado martes, lo cierto es que llevaba años «abandonada» en Santo Domingo, donde fue instalada en las Navidades de 1977 de forma «provisional». El autor de esta pieza, el artista leonés Amancio González, denunció públicamente el «maltrato» que sufría la Vieja negrilla y amenazó al Ayuntamiento con llevársela a otra ciudad. Sólo entonces, se dio orden a la Escuela Taller para que la reparase. Veinticuatro horas después de la destrucción de esta emblemática pieza, la Concejalía de Cultura y Patrimonio sigue sin explicar si va o no a restituirla. De momento, sólo ha trascendido que emprenderá acciones legales contra la aseguradora del conductor que la destruyó. Amancio González considera que es él quien debe determinar si la obra tiene o no arreglo. Y su veredicto no deja lugar a dudas: «Es imposible restaurarla». Realizada en hormigón, las piernas del gran gigante han quedado mutiladas. Amancio González ya propuso el año pasado sustituir esta pieza por otra de un material con mejor vejez, como el bronce. El presupuesto ascendía entonces a 84.000 euros. La aniquilación de esta obra ha puesto en evidencia el abandono que sufren la mayoría de las esculturas de la capital leonesa. Piezas que se inauguraron con todo el boato, y la inevitable foto del alcalde de turno, para quedar después olvidadas. Estatuas que han sufrido las iras de vándalos y grafiteros, el desgaste provocado por el paso del tiempo y que son utilizadas como «retrete» por aves, perros y otro tipo de animales. La ira de las estatuas El mítico Don Pelayo tuvo que ser retirado del Arco de la Cárcel por temor a que se desplomara contra el suelo e hiriera a algún transeúnte. El pasado mes de abril se restituyó por otro, obra de Valentín Yugueros. De la estatua del cicloturista, instalada en el paseo de la Condesa, no queda más que el pedestal -el ciclista y su bici han desaparecido--. La estatua en honor a Odón Alonso tuvo que reconstruirse y se trasladó a las inmediaciones del Auditorio. Guzmán, sobre su atalaya en la glorieta a la que da nombre, está recubierto de excrementos de aves. El canónigo instalado en la plaza de San Isidoro ha sido víctima constante de los grafiteros. También la maqueta en bronce del León romano de San Marcelo amaneció una mañana teñido de pintura roja. La lista de destrozos es interminable. El busto dedicado a la memoria del compositor Ángel Barja, en el jardín del Cid, tambien sufre con frecuencia ataques vandálicos; igual que el erigido en honor a Sánchez Albornoz, situado frente al edificio de Correos. El denominado Arco viajero, obra de Corinne van Bergen, está lleno de pintadas. Sin embargo, el Ayuntamiento no tiene una partida fija para el mantenimiento de estatuas. Tampoco personal dedicado a limpiarlas y conservarlas. En Madrid, por ejemplo, el Ayuntamiento destinó el año pasado seis millones de euros a la limpieza de 1.319 esculturas de la ciudad.

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