Escritor
«En lo cultural, es humillante para los leoneses vivir en esta autonomía»
El autor de «La glorieta de los fugitivos» presenta hoy en la librería Alejandría esta gran recopilación de microrrelatos o «brevísimos textos palpitantes de ficción verdadera»

Fernando Alvarado
«Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. 'Te noto mala cara', le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina». He aquí Cien , uno de los más de 200 «minicuentos», «microrrelatos» o «nanocuentos» incluidos por el escritor leonés José María Merino en La glorieta de los fugitivos (ed. Páginas de Espuma), libro que hoy da a conocer su autor en la librería Alejandría (calle Fajeros, 2) de la capital leonesa. -¿Qué elemento o elementos mínimos tiene que tener un cuento para que funcione? -Tiene que moverse, tiene que haber por lo menos una mudanza, un cambio levemente dramático. Tiene que acabar distinto de como empezó. Si no, estaríamos ante una descripción o una semblanza. -¿Cuándo «da caza» a estos microrrelatos? ¿Existe alguna hora del día especialmente apropiada? -Estas pequeñas historias surgen al hilo del día a día, en la calle, en casa, observando a la gente: si uno las busca, si está atento -y hay que estarlo-, acabas cobrando la pieza. En la novela hay una dedicación constante, esto es más una acumulación. -¿El microrrelato es un chispazo, surge en su imaginación ya perfectamente formado? -Sí, hay que decir que, por ejemplo, la novela supone un trabajo de exploración, de investigación, pero en el cuento tienes que saber adónde vas, si no, te pierdes. Puedes tener un hallazgo puntual, pero es más difícil. Yo suelo tener muy claro el final del microrrelato a la hora de ponerme a escribirlo, en la novela no tiene por qué ser así. -El componente más repetido de sus cuentos parece ser la sorpresa. -El final sorpresa, tan apreciado en la literatura del siglo XIX, cayó en desuso en el XX. Yo creo que el minicuento ha recuperado para la literatura ese gusto por el final sorprendente. -¿Con qué parámetros cree que tradicionalmente se ha juzgado la calidad de una obra literaria? -En este país se suele valorar la cantidad: cuando una obra tiene muchas páginas parece que tiene que ser por fuerza más buena que otra que tenga menos; y también solemos dar más importancia, o distinguir, lo «culto» de lo «popular», hay un desinterés grandísimo por la literatura de tradición oral. Pero bueno, hay obras largas que son geniales ( El Quijote , La montaña mágica ) y otras que son malísimas; y lo mismo pasa con los cuentos, claro. La calidad literaria de un texto tiene que ver con su belleza, interés y ritmo, no con su extensión. -¿Por qué es importante leer ficción, que son cosas que nunca han pasado, pura imaginación del autor? -Es que esto de inventar historias es lo más nuestro, lo más humano que hay. Es lo más antiguo del hombre, comenzando por la manera de transmitir los cuentos, oralmente, de padres a hijos. Así construimos nuestra visión del mundo. La ficción está en la naturaleza del hombre, esto sí que es Patrimonio de la Humanidad. -¿Tendríamos que llamar a la Unesco para su declaración? -Lo que tendríamos que hacer los leoneses, en concreto, es atender mejor nuestra literatura de tradición oral. Mira, todos los pueblos del mundo se han reunido de noche para contar historias, pero sólo en León tiene un nombre específico. El filandón era casi una institución civil, es la ceremonia de la ficción. Y lo tenemos demasiado olvidado, hay que valorar y transmitir a los jóvenes todo ese patrimonio. -Echando la vista atrás. ¿qué le debe usted a la literatura y qué de le debe la literatura a usted? -Yo le debo más a ella que ella a mí. Gracias a la literatura he conocido mundo, gente; me ha abierto universos, me ha aportado muchísimo. Yo sólo le he dado algo, he echado leña a ese fuego, no sé si mucha o buena. -¿Tiene previsto un cambio de registro literario? -He estado tres meses en Estados Unidos dando clases sobre cuentos, precisamente, y de ahí saldrá un nuevo libro de relatos; también tengo una novela bastante avanzada. -Su Tribuna en este periódico sobre la identidad leonesa fue muy aplaudida... -En unos días daré una charla en la Biblioteca Nacional sobre «mi biblioteca»; pues bien, es sorprendente la cantidad de libros que tengo en ella sobre el Reino de León, e igualmente lo es el que no estemos representados en el mapa actual de España. En aquella tribuna hablé de que no reconocer la identidad leonesa es una gran torpeza, llama la atención esa falta de sentido común. Acato y asumo esta autonomía, sí, estar juntos en una misma circunscripción administrativa, pero ver cómo su gobierno impone una misma identidad para todos... eso es un abertzalismo aberrante, desde el punto de vista cultural resulta humillante para los leoneses vivir aquí. Los de Burgos o Soria serán castellanos y los de León, leoneses, e incluso habrá quien se sienta castellano-leonés, pero no reconocer el incuestionable hecho regional leonés es de una enorme torpeza. Hora: 20.00. Lugar: calle Fajeros, 2.