Cátaros a ritmo de soneto
El leonés Eduardo Martínez hace de su último libro un homenaje histórico-poético a los cátaros, los perfectos, los puros, tras recorrer uno a uno sus míticos santuarios del sur de Francia
Eduardo Martínez y su esposa, Margrethe Johannessen
Hay que tener una curiosidad intelectual a prueba de bombas para afrontar un drama lírico basado en el mito del Ave Fénix ( Aladas cenizas; leyenda del Ave Fénix ) y, poco tiempo después, sumergirse en el mundo de los cátaros a ritmo de soneto. Pero así es el leonés Eduardo Martínez y Hernández que, junto a su esposa, la noruega Margrethe Johannessen, y amparados ambos por Mnémosine (dueña de la memoria y madre de las Musas), acaban de dar libertad a un libro ( Vía Crucis Cátaro ) que constituye un homenaje histórico-poético a aquellos herejes que, en 1244, acabaron masacrados en el castillo de Montségur, su último santuario, sin abdicar de sus principios morales. Hoy, llegados a nuestra época escéptica y descreída, ha renacido el interés por aquellos «puros» ( katharos ), hastiados de los excesos de la jerarquía eclesiástica dominante y firmemente decididos a transitar por otras sendas más acordes con el espíritu evangélico. Como eslabones de una cadena de espíritus inquietos, Eduardo Martínez y su esposa decidieron recorrer, con la calma reservada a los recién jubilados, la mítica tierra de los cátaros: el Midi-Pyrenées, en el sudoeste francés. Carcasonne, Béziers, Mirepoix, Foix, Pamiers, Albi y su milagrosa catedral de ladrillo, Moissac¿ fueron algunos de los jalones de una ruta que debía desembocar en un libro que tiene también algo de «herético», en el sentido etimológico del término: el que elige. Eduardo Martínez escogió la poesía. Vía Crucis Cátaro es, fundamentalmente, un poemario. Catorce sonetos del más estricto clasicismo en lo formal que son como catorce estaciones en el duro peregrinaje vital de los cátaros quienes, curiosamente, no veneraban la Cruz de Cristo. Pero el autor ha querido, con ese título y ese esquema, subrayar las contradicciones y las incomprensiones que hubieron de afrontar quienes también se conocieron como los «perfectos». Verso e historia En esta aventura literaria, cuyo motor es el gusto por el viaje y cuya pretensión última es el puro disfrute intelectual, Eduardo Martínez aporta el perfume poético de aquel tiempo de convulsión y, Margrethe, su mujer, diseña en el prólogo el marco histórico que permite la mejor comprensión de los textos poéticos. «Entonan en la hoguera condenados/ Terre nouvelle , el nuevo territorio,/ Apocalipsis último oratorio/ por las llamas sus ecos elevados» clama el poeta en la última estación del poemario recordando el suplicio de 224 cátaros quemados vivos por los cruzados el 16 de marzo de 1244 al pie de Montségur. Fue la única cruzada contra cristianos y se libró con la misma saña y crueldad que si se hubiese tratado de infieles. Cubierta su etapa de profesor de Derecho Constitucional en la Complutense, y después de donar su amplia biblioteca jurídica a la Facultad de Derecho de León, Eduardo Martínez cierra ahora el arco abierto en su juventud y regresa a los caminos de la lírica que ya pisó durante su despertar al mundo de la literatura. «Ahora sólo quiero escribir poesía» afirma con una extraña seguridad; se diría que la palabra -poesía- tiene para él el valor de un raro elixir de eterna juventud. Eduardo y Margrethe, jubilosos jubilados, producen sana envidia al oírles hablar de ésta y de sus próximas aventuras literarias. «El próximo libro estará centrado en la Bretaña francesa¿». Via Crucis Cátaro ha sido editado por la editorial madrileña Lobohombre Ediciones ubicada en la localidad de Getafe y cuyo correo electrónico es contacta@fenderclub.net .