Diario de León
Publicado por
JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

Creado:

Actualizado:

CANAL PLUS emitió este jueves el último capítulo de la última temporada (sexta) de Los Soprano, esa serie norteamericana sobre mafiosos, creada por David Chase, que tanta y tan justificada fama ha cosechado en todo el mundo por su singular planteamiento y por su calidad. Este capítulo final era esperado con mucho interés. En Estados Unidos lo siguieron doce millones de espectadores. Acto seguido estalló el escándalo. La polémica se extendió a prácticamente todos los medios de comunicación; en todas partes se habló del final de Los Soprano. Y lo polémico de Los Soprano no era exactamente su final, sino, más bien, su ausencia de final. Ya que la serie ha terminado, no traicionaremos la confianza de nadie al describirlo: la guerra entre clanes mafiosos está en su punto álgido; Phill, el enemigo del protagonista, ha sido asesinado; los Soprano -Padres e hijos- se reúnen a cenar en un restaurante; un hombre sospechoso se halla sentado en la barra; la hija Soprano, que llega tarde, corre hacia la puerta; el hombre sospechoso se levanta y acude a los lavabos (la cita de El Padrino es evidente); fin. Sí, sí: fin. La historia termina ahí. Los fans de El Padrino recordarán un desenlace posible: en una cisterna de los lavabos hay una pistola, el hombre sospechoso la coge y con ella asesina a Soprano. Pero eso sólo está en la imaginación del espectador, no en el desenlace real de la serie. Hay más desenlaces posibles: la hija que corre apresurada hacia el restaurante tal vez traiga una información decisiva. También caben las más diversas hipótesis sobre lo que pueda pasarle al conjunto de la familia (sólo cabe excluir que vaya a haber una continuación; según parece, aquí se ha acabado todo). Y más aún: puede que, sencillamente, no pase nada. Pero eso, una vez más, pertenece a la labor del espectador, que puede construir el final a su propio modo. Este final sin desenlace ha encantado a la crítica, como es natural: es un recurso completamente innovador, original, sin precedentes, presentado además de tal manera que interpela al espectador, le hace participar en la historia. Por el contrario, a los espectadores parece haberles irritado mucho la extravagancia, y también esto es natural: cuando uno se engancha a una historia -y Los Soprano engancha-, lo menos que puede exigir es saber cómo termina; ese chiste de que la historia no tenga desenlace está bien para la literatura experimental, pero en una serie de televisión resulta escandaloso. ¿Genialidad o extravagancia? Las dos cosas a la vez, probablemente. El caso es que esta serie, que ya había pasado a la historia de la tele por su altísimo nivel, ahora, con este final, se hará legendaria. Veremos cómo no tardan en aparecer imitadores.

tracking