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JOSÉ JAVIER ESPARZA
León

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NO DEBERÍAN pasar por alto las acusaciones, bastante graves, que se han vertido contra ella a propósito del caso Chikilicuatre. Si son mentira, TVE debería demostrarlo y actuar en consecuencia contra los denunciantes. Y si son verdad, debería poner de patitas en la calle a los implicados en el asunto, porque estaríamos ante un ejemplo flagrante de tráfico de influencias, por atenernos al más leve de los supuestos. Estas denuncias parten, sobre todo, de los eliminados en la fase final, que quieren querellarse contra TVE. Es, por supuesto, un juicio de parte, no una denuncia neutral; pero, por otro lado, nadie negará a los eliminados derecho a pedir justicia, sobre todo si lo que dicen es verdad. ¿De qué se trata? Fundamentalmente, de la eventual coincidencia de intereses entre los directivos de TVE, los de La Sexta, la productora de Buenafuente (El Terrat) y el Chikilicuatre en cuestión. ¿Supuestas pruebas? Sobre todo, un argumento de sospecha: el director de TVE, Javier Pons, fue director general de El Terrat antes de pasar a dirigir la cadena pública, y El Terrat es precisamente la principal beneficiada por la elección de Chikilicuatre. Esto puede ser sólo una casualidad, desde luego. Pero llama la atención que TVE, una televisión pública, vaya a ceder a El Terrat los derechos de imagen y de autor que genera el festival de Eurovisión, según dicen los damnificados. Son muchos millones de euros circulando por el pasillo, y en el centro del circuito aparece Javier Pons. Los perjudicados por la elección de Chikilicuatre dicen que las bases del concurso proscriben las canciones con letras de contenido político, pero la canción elegida no cumplía ese requisito y, de hecho, ahora hay que cambiarle la letra. La pregunta es: si era obvio que iba a ser preciso cambiar la letra, ¿por qué dejaron seguir la canción en las sucesivas fases de clasificación? A partir de aquí, entramos en el juicio de intenciones, proceso donde no puede dejar de subrayarse la colusión de intereses entre TVE y la productora Mediapro, el alma de La Sexta. Es verdad que El Terrat está en La Sexta, que Mediapro está en La Sexta (y en TVE) y que TVE ha convertido a Mediapro en uno de sus principales proveedores. Paisaje que se complica aún más si sumamos el hecho de que el propio presidente de RTVE, Luis Fernández, periodista de larga trayectoria, viene de Prisa y de Mediapro. Y, hombre, todo esto es como lo de la mujer del César: no sólo debe ser honesta, sino que además debe parecerlo. A propósito de la mujer del César: Cuatro ha dicho que estrenará la segunda parte de la serie británica Roma en Semana Santa. Pero las convulsiones de la vieja Roma no desmerecen de los follones de la nueva RTVE. Lo dicho: TVE tiene que hablar.

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