«Celebrities»
LA SEXTA estrenaba el domingo noche un programa de cotilleo finolis: Celebrities. Es como Corazón, corazón, pero más movidito, más internacional y con mucha referencia al glamour, que es esa cualidad etérea que se adquiere al nombrarla, sin que uno sepa exactamente qué quiere decir. Los protagonistas de Celebrities son los famosos más famosos del famoseo mundial, lo mismo en París que en Hollywood o en Milán, y la etiqueta incluye a estrellas del cine, de la tele, del fútbol, de la pasarela, etc. Lo presenta Martina Klein, española nacida en Argentina, modelo, treinta y un años, excelente profesional de la pasarela y mujer muy hermosa, pero que como presentadora de televisión resulta más bien aburridilla. Martina dice que Celebrities pretende ser «el programa del mundo del espectáculo, las estrellas y el glamour». El perfil del programa incluye buen rollito, nada de desbordamientos tomateros, mucha alfombra roja y abundante fascinación ante el famoso. O sea que es como volver a la crónica social de toda la vida, pero aún más aduladora. Es interesante, porque este fenómeno viene observándose en distintos terrenos de la comunicación social. Tomemos el ejemplo de las revistas de televisión. El lector aficionado al género habrá advertido que en los últimos años se ha producido un sensible giro en el mundillo de las revistas de tele. Al principio, estas revistas trataban de aplicar sobre la tele la misma mirada que se dispensa a la información en general, lo cual incluía una buena porción crítica. Poco a poco, sin embargo, fue moviéndose hacia unas posiciones menos críticas y más promocionales, poniendo cada vez más el acento en el universo de la fama televisiva, hasta convertirse en una especie de cobertura subsidiaria de los canales. Es un proceso semejante al de muchas revistas temáticas en materias tan dispares como el motor, la música pop o la decoración. La causa es muy sencilla: entrar en el negocio da mucho más dinero que criticarlo; podrá parecer poco heroico, y sin duda lo es, pero también es cierto que el público de esas revistas, a la vista de los resultados, responde mejor al pasteleo que a la crítica. Pues bien: este programa nuevo de La Sexta representa un giro similar en el campo de la crónica social: cambiemos el chip, basta ya de sangraza amorcillada, cantemos el brillo de los grandes del show-business. Bueno. Veremos cómo lo acoge el público de La Sexta, que no está acostumbrado a esos algodones. El primer registro de audiencia ha sido calamitoso: un 2,9% en el prime time del domingo. Quizás es que a la crónica social no le ha llegado todavía la hora del cambio de chip.