Once orejas se repartieron Ponce, Fandi, Talavante y Cayetano de un gran encierro de Zalduendo ante una radiante plaza llena

Una docena de buenas razones

León

Creado:

Actualizado:

Cerró sus puertas la feria de San Juan del 2008, y lo hizo después de que salieran por la puerta grande las cuatro figuras que ayer hicieron el paseíllo en El Parque, y el mayoral de la ganadería que más éxitos ha cosechado en este ruedo. A los que suma, desde luego, el obtenido ayer. La corrida de más expectación de las programadas por la empresa Postigo no defraudó, ni en taquilla ni en triunfos. El público acudió en masa, se divirtió de lo lindo, pidió orejas con generosidad y estrépito y fue testigo de cómo cuatro toreros en la cumbre, aunque en momentos muy distintos de su carrera, salieron dispuestos a no dejarse ganar la partida. Hubo competencia, pique sano, mucha disposición y también mucho toreo bueno. Todo ello con el aderezo espléndido de unos tendidos llenos casi hasta la bandera. Da gusto ver la plaza así. Fue una gran tarde de toros, más de tres horas y media de festejo, en la que todos resultaron vendedores. Estuvo cumbre Ponce en su primero, aunque posiblemente la faena de la feria la realizó Cayetano al que hizo cuarto, un toro noble, que no se cansó de repetir, y al que le hubiera cortado a buen seguro los máximos trofeos si no hubiera emborronado con la espada una faena sólida, templada, con gusto y variedad. Se lució en este con el capote, desde los lances de recibo hasta las rogerinas para colocarlo en suerte en el caballo o la verónica a pies juntos con media de remate en el quite. Inició la faena muy torero, con muletazos a pies juntos, la mano en la cadera, y fueron excelentes los de pecho. Bajó la mano en pases largos embarcando la embestida larga y repetidora del toro, que humilló y siguió el engaño fijo. Surgieron también los naturales, relajados, aunque el acoplamiento fue más completo con la mano derecha. No se cansó de embestir el toro, con la boca cerrada, ni de torear el diestro, que culminó con cadenciosos molinetes, circulares, adornos de rodillas y ayudados por bajo. Y un trincherazo que fue jaleado en los tendidos. Fue un ¡ay! unánime la plaza cuando pinchó el diestro, dos veces, antes de volcarse al tercer intento para dejar el estoque en la yema, que hizo rodar al toro sin puntilla. También se lució Cayetano en el que cerró festejo, tuvo el mejor lote en conjunto. Fue un buen toro, mal picado, al que cuidó en los primeros compases de la faena para aliviar el quebrantamiento de una voltereta en la primera tanda. Volvió a clavar el de Zalduendo los pitones en la arena en una serie al natural, pero el torero tiró de él con suavidad, sin obligar en exceso para dejar que recuperara la fortaleza y la confianza. Tuvo el que cerró plaza un viaje largo y humillado, fijo en la muleta y con mucha nobleza. Cayetano, asentado y muy firme, le dejó la muleta en la cara para ligar una serie tras otra. Fue una faena larga en la que el toro embistió con igual calidad por ambos pitones. No protestó ni en los adornos finales, con manoletinas mirando al tendido. Esta vez sí aseguró la estocada que tuvo que rematar con un golpe de descabello, y paseó las dos orejas. Había abierto plaza un Enrique Ponce dispuesto a arrear y a poner la tarde caliente desde el primer momento. Y se encontró con Hospital, un hermoso toro colorado, al que recetó un trasteo largo y mandón, de gran intensidad. Tuvo el de Zalduendo una embestida alegre y el valenciano dio los primeros muletazos sacando la muleta un poco por arriba, para ir ahormando un viaje repetidor y con transmisión. Fueron muchos los pases, todos limpios y templados, con airosos cambios de mano; en los que intercaló los muletazos reposados con su repertorio habitual: tres en uno, molinetes,... Lo mejor de la faena llegó al final, con una última tanda obligando más al toro, que fue largo, prendido en la muleta. No dejó de torear ni en los ayudados finales ni para colocarlo en suerte. Y dejó alto el listón: dos orejas y vuelta al ruedo para el toro en el primero de los ocho que habrían de salir. Al que hizo cuarto lo recibió con el capote ganándole terreno, con la pierna flexionada. Fue un animal con menos fortaleza, al que le costaba embestir; y Ponce le cuidó con una de sus faenas inteligentes, sin brusquedades que pudieran quebrantarlo aún más. Le dejó la muleta alta al final del viaje, empleó suavidad y temple y le dejó tiempo para reponerse, y entre tanto fue sacando pases y tandas, adornándose con su clásico cartucho de pescado y prolongando la faena a un toro que parecía que tenía bastante menos. Empleó la muleta poderosa para arrancar algún circular y echó rodilla a tierra antes de abaniquear al toro y dar su vueltecita en la cara del astado, lo más jaleado del trasteo. Pinchó muy abajo antes de dejar una estocada también caída, y paseó otra oreja en triunfo. Alejandro Talavante tuvo una tarde de luces y sombras, en la que porfió con dos enemigos que no fueron un dechado de virtudes, pero tampoco presentaron dificultades irreductibles para un diestro de sus condiciones. A su primero le realizó un quite por chicuelinas e inició faena con pases por alto en el centro del ruedo. El de Zalduendo fue fijo, aunque tenía medio viaje y embestía con poco celo. Pecó de encimista el de Badajoz, lo que no ayudó la condición rebrincada del astado, más por falta de fuerzas que por mala condición. Fue una labor basada en la mano derecha, con medios pases arrancados insistiendo en el cite y de poco lucimiento en general. Insistió el torero pero decayó el ánimo del público, hasta que un grupo de aficionados del 6 y el 7 optó por animar el cotarro sacando banderas de España y entonando el «A por ellos». Mandó callar el resto del respetable, aplazando las cuestiones futbolísticas para hoy. Concluyó con unas manoletinas algo atropelladas y recetó una estocada que tardó en hacer efecto. Bien el presidente aguantando la presión y la petición para conceder un segundo trofeo. El que hizo séptimo fue y vino, y estuvo incómodo el torero en un trasteo cuya primera parte estuvo plagada de enganchones y se caracterizó por la falta de temple y el escaso acoplamiento. El de Zalduendo seguía con codicia la muleta, y Talavante fue acoplándose poco a poco, aunque anduvo despegadillo. Basó la primera parte por el mejor pitón del toro, el derecho; y tampoco mejoró la cosa por el izquierdo. Fue un trasteo largo que acabó más templado de lo que empezó, pero con medios pases de nuevo. El torero se pasó cerca los pitones en unas manoletinas que despertaron las ovaciones antes de entrar a matar. El Fandi, que fue muy ovacionado en los arrojados lances de recibo y en banderillas, tuvo el peor lote de un buen encierro; aún así puso ganas y empeño y salió también a hombros. Al primero lo recibió con dos largas cambiadas y lo llevó por chicuelinas al caballo. Como siempre, brilló a gran altura en banderillas, especialmente en un par al violín saliendo sentado desde la barrera. Los tendidos se venían abajo al grito de «Fandi, Fandi». El granadino cruzó el ruedo montera en mano para brindar cariñoso al cirujano de la plaza, Amador Alonso, por los cuidados que le prodigó hace un año, cuando un toro le partió un hueso de la mano cuando intentaba pararlo con la mano después de un par de banderillas. Comenzó la faena de rodillas, pero no se entendió con un toro de embestida renuente, muy parado, que hasta se echó en medio de la faena y era incapaz de seguir el viaje. Imposible la faena con un enemigo asfixiado. De nuevo recibió al que hizo sexto con vibrantes verónicas de rodillas, seguidas de chicuelinas. Atacó el toro al caballo cuando salían los picadores al ruedo. Se dispuso El Fandi a realizar un quite por lopecinas cuando resultó arrollado por el toro, que le tuvo a merced unos interminables segundos; aunque por fortuna fue un incidente sin consecuencias. El toro fue con pies en banderillas, y resultó especialmente lucido el doble par en el que coloca un violín y, enseguida, un par de frente. Recibió una gran ovación. Comenzó la faena de rodillas en el centro del ruedo pero de nuevo el toro se paró. Tuvo que robarle los pocos pases que pudo dar, y ante la falta de posibilidades optó por los alardes, que se premiaron generosamente con dos orejas. Once orejas en total pasearon los cuatro toreros, que salieron a hombros con el mayoral de Zalduendo. Fue una tarde de generosidad en los trofeos, pero también en la entrega de los toreros y en el juego de los toros. Gran fin de feria.

Cargando contenidos...