Una escultura de Juan Carlos Uriarte le homenajea desde ayer en el patio de caballos
El Parque agradece a Felipe Zapico sus desvelos por la fiesta
La empresa Postigo reconoce su lucha durante los años más duros de la plaza
Reconoce sin empacho que le gusta más una foto que un cocido, que «ronea» su porte de torero por calles y callejones, y que vive con intensidad que no decrece lo bueno y lo malo que se teje en las bambalinas de la afición taurina militante. Ha dedicado su vida al toro, y eso ha tenido sus sinsabores, pero también sus recompensas. Una de ellas, la que ayer vivió un Felipe Zapico emocionado en el patio de caballos de la plaza de toros de León, donde se descubrió un busto (con poema dedicado) realizado por el artista Juan Carlos Uriarte. Un nutrido grupo de amigos y aficionados, además por supuesto de la familia Zapico al completo, con su inseparable Conchi al frente, acompañó al veterano torero durante la puesta de largo de la escultura, que desde ahora vigilará también las bambalinas de los festejos en una esquina privilegiada del patio que más sabe de lo que se mueve detrás de la fiesta. De lo que se ha movido en el mundo taurino de León sabe, y mucho, Zapico. Sobre todo de la lucha personal, a brazo partido, que llevó a cabo en los años más negros de las seis décadas que acaba de cumplir en esplendor el coso del Parque. Aquellos en que los pleitos y el desinterés de los herederos de Monasterio llevaron al emblemático edificio a la ruina, y a la suspensión de la feria taurina. Los intereses inmobiliarios se frotaron entonces las manos imaginando ya un solar a edificar. No desesperó Felipe Zapico, que hasta revolvió en los archivos y presentó demandas en los juzgados para demostrar que el terreno había sido cedido en 1946 únicamente con el fin de que la ciudad tuviera su plaza de toros. Hoy puede disfrutarla en todo su esplendor. Eso también es, en parte, «culpa» suya.